Segun Forbes Business, el cofundador de la UFC, Rorion Gracie, ha expresado su rechazo a la próxima lucha que se celebrará en la Casa Blanca, calificándola como "violencia innecesaria". Gracie, quien estableció la UFC en 1993, afirmó en una entrevista con USA Today Sports que no verá el evento porque considera que el combate ha desviado su esencia original, que no debería estar ligada a conflictos violentos. Este punto de vista se alinea con otros integrantes de la organización, entre ellos el campeón de peso medio Sean Strickland, quien, tras una llamada anónima de funcionarios de la UFC, afirmó que fue excluido del evento por sus críticas hacia el presidente Donald Trump y hacia Israel. En una publicación en Instagram, Strickland indicó que ya había reservado su vuelo y planea presentar una protesta pacífica al lado de las puertas del evento, utilizando un megáfono para comunicar su posición.
La situación se complica cuando Dana White, presidente de la UFC, niega que haya habido una exclusión formal. Durante una rueda de prensa, White afirma que "nadie ha sido excluido" y que Strickland expresó claramente su rechazo al evento, pero ahora, según él, se le ha retirado el acceso. A su vez, White lanzó una crítica más fuerte hacia Strickland, quien ha tenido una trayectoria marcada por declaraciones controvertidas, diciendo que el fighter está "prohibido para la humanidad" y que no debería estar cerca de personas. En respuesta, Strickland publicó en X que recibió una llamada de la UFC informándole que no había sido autorizado por la Casa Blanca.
Además, el boxeador Bryce Mitchell, también de la UFC, se alineó con Strickland en una conferencia de prensa, acusando al gobierno de "desrespetar su función social" al organizar eventos deportivos. Sostuvo que el Estado no debería servir como escenario para actividades que, en su opinión, desvirtúan el papel de la institución.
Para los lectores peruanos, este escenario resalta la tensión entre el espacio público y las expresiones individuales. Aunque la lucha en la Casa Blanca podría parecer un acto simbólico de integración, su ejecución en medio de debates políticos y sociales pone en evidencia cómo las figuras públicas pueden ser tanto instrumentos de diálogo como fuentes de conflicto. En un contexto donde el deporte se convierte en plataforma de expresión, es vital reflexionar sobre los límites entre libertad de opinión y el respeto a las instituciones. El caso de la UFC no solo refleja tensiones internas, sino también cómo los eventos deportivos, cuando se posicionan en espacios gubernativos, pueden convertirse en focos de confrontación entre valores. En Perú, donde el deporte también es un vehículo de identidad nacional, este tipo de incidentes invita a cuestionar cómo se gestionan los espacios públicos y cuál es el papel del deporte en la política.
