Segun Harvard Business Review, el creciente uso de inteligencia artificial en entornos laborales ha generado una brecha entre quienes desarrollan soluciones personalizadas y quienes las adoptan sin conocimiento de sus capacidades. Aunque muchas organizaciones han validado herramientas como DoximityGPT, un sistema de inteligencia artificial compatible con la regulación HIPAA, los profesionales que lo utilizan en contextos clínicos no siempre comparten los métodos que han construido para optimizar sus tareas. Un médico de 31 años, que emplea el sistema varias veces al día, reveló que había diseñado un modelo de preguntas personalizadas que generaba resultados excepcionales. A pesar de que sus colegas utilizaban la misma plataforma, no recibieron el mismo nivel de eficiencia. Su experiencia indica que el conocimiento técnico adquirido en entornos privados no se transmite espontáneamente, generando una disminución en la capacidad colectiva de innovación.
Este fenómeno no se debe a carencias en las políticas internas, sino a una cultura organizacional que prioriza el aislamiento del conocimiento individual. Los empleados, al crear prototipos o flujos de trabajo personalizados, tienden a mantenerlos como activos exclusivos, especialmente cuando estos procesos mejoran significativamente su productividad. El hecho de que un profesional pueda obtener resultados superiores mediante un enfoque específico, como un prompt estructurado, crea una presión psicológica para no revelar su método. Este comportamiento, aunque no está malintencionado, limita el potencial de aprendizaje compartido y puede erosionar la confianza entre pares.
En el contexto peruano, donde las instituciones públicas y privadas aún están en proceso de integrar tecnologías digitales, este escenario tiene implicaciones directas. Los profesionales de salud, educación o administración que desarrollan soluciones con IA en entornos cerrados —como el diseño de respuestas rápidas a consultas o la automatización de procesos— suelen no comunicar sus avances. Esto puede obstaculizar la formación de comunidades de práctica, donde el conocimiento se construye colectivamente. Además, en un entorno donde los recursos tecnológicos son limitados, la falta de intercambio de buenas prácticas puede convertirse en un atraso estructural. Aunque el uso de herramientas como DoximityGPT o sistemas similares está en ascenso, su potencial se ve reducido si no se fomenta una cultura de transparencia.
La clave para superar esta barrera está en diseñar procesos que incentiven el intercambio de experiencias, sin comprometer la privacidad o la seguridad de los datos. Las organizaciones deben establecer espacios seguros, como sesiones de retroalimentación o plataformas de aprendizaje compartido, donde los empleados puedan presentar sus flujos de trabajo sin riesgo de exposición. En el caso peruano, donde el acceso a tecnologías de inteligencia artificial está en crecimiento, este enfoque podría ser fundamental para transformar el desarrollo profesional en un proceso colectivo, no individual. La innovación no se construye en aislamiento, sino en la colaboración.
