Segun Bloomberg Línea, la economía colombiana enfrentará una reducción moderada en su actividad debido al terremoto ocurrido el lunes, pero el efecto será limitado y no modificará las proyecciones de crecimiento para 2026 y 2027. Oxford Economics evalúa que el impacto directo en el Producto Interno Bruto (PIB) oscilará entre 0,2% y 0,4%, lo que equivale a entre 990 millones y 1.980 millones de dólares. Aunque esta cifra representa una baja significativa en el escenario económico inmediato, la firma prevé que el gasto público destinado a rescate y reconstrucción amortigüe buena parte de esa contracción.
El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) podría registrar una caída más débil en agosto, mientras que el crecimiento se desaceleraría en el tercer trimestre. Sin embargo, las perspectivas se reestablecen en los meses siguientes, manteniendo la proyección de expansión del 3% en 2026 y del 2,5% en 2027. Esta evaluación se basa en análisis comparativos con eventos semejantes en otras economías, así como en las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que sitúa los daños entre 0% y 7% del PIB, con un escenario máximo cercano a 40.000 millones de dólares. Oxford Economics ha validado estos datos con revisiones del Fondo Monetario Internacional tras otros terremotos, destacando que los efectos macroeconómicos varían, pero generalmente presentan una reducción en el crecimiento.
Para el lector peruano, este escenario ofrece una reflexión sobre la resiliencia de las economías frente a desastres naturales. Aunque los terremotos generan impactos inmediatos en infraestructura y empleo, los mecanismos de recuperación —como el gasto público y la inversión en reconstrucción— suelen compensar la disminución inicial. El caso colombiano refuerza que las economías con políticas fiscales estables y mecanismos de respuesta ágiles pueden mantener su trayectoria de crecimiento a largo plazo. En el Perú, donde las comunidades rurales y urbanas también enfrentan riesgos geológicos, este análisis subraya la importancia de fortalecer planes de contingencia y de inversiones en infraestructura sostenible.
Además, el hecho de que el impacto inicial se limite a una fracción pequeña del PIB sugiere que, incluso en eventos de gran escala, el sistema económico puede absorber el shock sin perder su rumbo general. Para inversores y familias, esto implica que las perspectivas de estabilidad macroeconómica siguen siendo viables, a pesar de los riesgos naturales. La clave no está en evitar los desastres, sino en contar con estructuras económicas que se adapten y se recuperen con rapidez.
