Según Gestión, la empresa austriaca Zig Zag Teleféricos ha reforzado su interés en implementar redes de transporte por cable en Perú, con foco inicial en los distritos de Puno, Cusco y Lima. Tras siete años de esfuerzos, el proyecto Vaivén Miraflores —que conecta el malecón de Miraflores con la playa Redondo II— se ha consolidado como punto de partida para una posible expansión. Este sistema, que recorre 300 metros entre el Parque Domodossola y la costa, está diseñado para facilitar el acceso desde zonas urbanas a espacios recreativos, deportivos y culturales de la Costa Verde.
La iniciativa nace de una necesidad identificada por Luis Luy, gerente general de Zig Zag Teleféricos SAC, quien señala que la falta de nodos de conexión en la Costa Verde representa una barrera clave para el desarrollo de zonas turísticas. Su experiencia anterior, como socio en el proyecto Cerro San Cristóbal de hace 22 años, le permitió establecer relaciones con proveedores internacionales, entre ellos Doppelmayr, que hoy actúa como socio técnico del proyecto. En 2019, Luy recibió la propuesta de desarrollar una línea por cable en la Costa Verde, lo que desencadenó una investigación exhaustiva. A través de Ipsos Apoyo, se realizaron 800 encuestas y conteos de movilidad, con el objetivo de medir la demanda real y el precio que los usuarios estarían dispuestos a pagar.
Luy enfatizó que “la demanda es la partida de nacimiento” del proyecto, pues sin datos precisos sobre el uso esperado, cualquier inversión sería especulativa. Vaivén se desarrolló bajo un modelo de iniciativa privada, y en 2022 se firmó el contrato con la Municipalidad de Miraflores. Este acuerdo representa el primer paso de una estrategia más amplia que contempla la posibilidad de extender el sistema a otros puntos de la Costa Verde.
Para los peruanos, especialmente en zonas costeras donde el acceso a playas y servicios es limitado, este tipo de infraestructura podría ofrecer una solución práctica a la desigualdad de movilidad. Los distritos de Lima, Cusco y Puno enfrentan desafíos similares: congestión vehicular, distancias elevadas entre zonas altas y bajas, y escasez de transporte público eficiente. Si el modelo de Vaivén se demuestra viable, podría servir como referencia para otros contextos urbanos. Sin embargo, se requiere una evaluación rigurosa de costos, impactos ambientales y sostenibilidad financiera. La experiencia de Zig Zag demuestra que el éxito no depende solo de la tecnología, sino de la comprensión profunda de las necesidades reales de los usuarios. En un país donde el transporte público sigue siendo un eje clave de desarrollo urbano, proyectos como este podrían abrir caminos hacia una movilidad más inclusiva y accesible.
