Segun CNBC Markets, un super PAC conocido como Our Heritage Matters se registró con la Comisión Federal de Elecciones el 15 de octubre, y cinco días después inició gastos para apoyar candidatos independientes y lanzar campañas de crítica contra partidos republicanos. Hasta el 29 de octubre, según un análisis de registros oficiales de la FEC, había invertido alrededor de 1,2 millones de dólares en diez concursos legislativos, tanto en la Cámara como en el Senado. La fuente de estos fondos, sin embargo, no está disponible en tiempo real, ya que el grupo se constituyó después del plazo clave para la publicación de informes financieros, y su primera declaración detallada de donantes no será presentada hasta el 3 de diciembre, un mes después de la fecha de elección.
Este fenómeno refleja una tendencia más amplia: el auge de super PACs que surgen en los últimos días antes de las elecciones, especialmente los llamados "pop-up PACs", que inyectan grandes cantidades de dinero en campañas sin que los votantes conozcan su origen. Las leyes federales exigen que estos organismos publiquen sus gastos independientes en un plazo de 24 a 48 horas antes de la elección, revelando el monto y el objetivo de los gastos. Pero los nombres de los patrocinadores solo surgen en informes periódicos, que se presentan con mayor retardo. En el contexto de 2026, el número de estos PACs que se crean en última hora ha aumentado más de cuatro veces respecto a 2022, y sus inversiones han crecido casi 35 veces en comparación con el mismo periodo del año anterior.
En 2022, solo cinco grupos similares habían gastado cerca de 18 millones de dólares en esas elecciones; en 2018, la cifra era de 12 millones. En 2026, veintidós super PACs que se registraron en las últimas diez semanas antes de la elección han destinado al menos un millón de dólares cada uno, sumando un total de aproximadamente 637 millones de dólares en gastos independientes hasta el 29 de octubre. Este monto representa una sexta parte del total de gastos independientes registrados en las competencias legislativas de esa campaña.
Para el lector peruano, este escenario evidencia cómo el sistema político puede verse cada vez más influenciado por inversiones masivas de terceros, especialmente cuando los orígenes de esos fondos permanecen en la sombra. Aunque el sistema electoral peruano no cuenta con super PACs, el fenómeno de gastos no declarados en el último momento podría ser una advertencia sobre la necesidad de transparencia financiera en los procesos electorales. En un entorno donde las campañas se vuelven más complejas y los recursos más concentrados, el acceso a datos claros sobre quién financia qué, y por qué, se convierte en un pilar clave para garantizar la confianza democrática. La historia de EE.UU. no solo muestra un aumento en el poder de los grupos externos, sino también el riesgo de que los votantes pieran la capacidad de juzgar por sí mismos quién realmente está impulsando el cambio político.
