Según Gestión, una reciente resolución del Tribunal de Fiscalización Laboral reabrió el debate sobre la falta de registros formales en el control de horas laborales en empresas peruanas. El caso se originó durante una inspección de Sunafil, que detectó que varios empleados habían recibido pagos por horas extras en distintos periodos, sin que la empresa presentara un registro oficial de asistencia. En su lugar, solo contaba con “cuadernos de ocurrencias” para documentar jornadas extraordinarias. La empresa argumentó que, dadas las características de sus funciones, no podía implementar un sistema tradicional de tareos. Sin embargo, el tribunal recordó que la ley exige a todos los empleadores mantener un registro permanente de asistencia, ya sea físico o digital, que permita verificar de forma personal el tiempo laborado. Documentos internos como cuadernos o reportes no cumplen con esta exigencia legal, pues no garantizan la trazabilidad ni la verificación objetiva del trabajo realizado.
El hecho de que la empresa pagara horas extras demostró que existía un control sobre el tiempo trabajado, lo cual contradice su afirmación de ausencia de registro formal. Para el órgano fiscalizador, el cumplimiento de la normativa no depende de la naturaleza de las tareas, sino de la existencia de un sistema de control documentado. Al analizar el caso, la Primera Sala del Tribunal reafirmó la sanción impuesta por Sunafil y determinó que la empresa incurre en una infracción muy grave por no mantener registros formales respecto a seis trabajadores. Esta falta de control no solo vulnera derechos laborales, sino que también pone en riesgo la transparencia en el pago de horas extras.
Para el lector peruano, este caso refleja una realidad amplia: el 80% de los trabajadores en el país desempeñan labores informales, donde las condiciones de trabajo y pagos carecen de estructuras formales. Aunque muchos empleadores reconocen la necesidad de cumplir con normativas, la falta de sistemas digitales o físicos para registrar jornadas perpetúa una brecha entre quienes tienen derechos laborales reconocidos y quienes no. En contextos donde los sueldos son bajos y la informalidad prevalece, el control de horas no solo afecta la justicia salarial, sino que también influye en la estabilidad de las economías locales. El ejemplo de la empresa en cuestión sirve como advertencia: el pago de horas extras no es suficiente si no hay un sistema claro, verificable y legal para garantizar que el trabajo realmente se haya realizado. En un país donde más de 6 millones de personas trabajan sin contrato formal, esta lacuna representa una brecha que afecta tanto a los trabajadores como a la economía en su conjunto.
