Segun Gestión, la brecha salarial entre trabajadores formales e informales en Perú es significativa, con los ingresos de los empleados informales apenas alcanzando la mitad de los recibidos por sus colegas formales. Este fenómeno ha sido parte central del desarrollo laboral del país en las últimas décadas, donde el crecimiento económico sostenido, impulsado principalmente por inversiones privadas, permitió generar más empleos adecuados y ampliar la clase media. Entre 2004 y 2019, la participación de la clase media en la población pasó de un 18.8% a un 38.9%, según datos del Banco Mundial. Este grupo se define como personas con ingresos superiores a US$ 17 diarios, equivalente a unos S/ 1,066 mensuales en paridad de poder adquisitivo.
Durante el mismo periodo, la tasa de empleo adecuado creció de 23.5% a 55.8%, evidenciando una mejora clara en la calidad del trabajo. Ese dinamismo económico no solo permitió reducir la pobreza, sino que también aumentó la recaudación fiscal, facilitando la inversión en servicios esenciales como educación y salud. Desde 1993 hasta 2025, el acceso de hogares simultáneo a luz, agua y desagüe pasó de 37% a 70%, según el INEI. Además, la tasa de jóvenes que completaron secundaria se elevó de 20% a 85%, mientras que la desnutrición crónica en niños menores de cinco años cayó de 37% a 13%. Estos avances se tradujeron en mejoras en el desarrollo humano, como refleja el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, que identifica niveles medios o altos en la mayoría de los distritos del país.
Para los peruanos, esta realidad implica una profunda desigualdad en el acceso a condiciones laborales básicas. Aunque el crecimiento económico ha beneficiado a muchos, los trabajadores informales siguen enfrentando condiciones precarias, sin seguros, sin estabilidad y con salarios que no reflejan el valor real de su trabajo. Este escenario pone en evidencia que el desarrollo económico no es uniforme, y que las políticas públicas deben enfocarse en proteger y fortalecer el empleo formal, especialmente en sectores clave como la construcción, servicios y comercio. Si el Estado no actúa con claridad para regular y proteger a los trabajadores informales, el avance de la clase media podría volverse frágil. La inclusión de estos sectores en el sistema formal no solo mejora el bienestar individual, sino que también fortalece la economía en su conjunto. En un país donde más del 70% de los trabajadores son informales, el diseño de políticas que promuevan el empleo digno y remunerado es una prioridad para el futuro.
