Según Yahoo Finance, SpaceX ha logrado una exención total de impuestos propios para su planta de fabricación de semiconductores en Grimes County, Texas, valorada en 55 mil millones de dólares. La operación, que se llevó a cabo el 4 de junio de 2026, fue aprobada por una votación de cuatro contra uno entre los comisionistas locales, pese a críticas sobre la falta de transparencia en el proceso de toma de decisiones. En lugar de pagar impuestos sobre la propiedad, la empresa acordará una cuota inicial de 10 millones de dólares, seguida de 20 millones anuales durante 35 años. Este acuerdo representa una inversión de 700 millones de dólares en total, aunque solo una fracción se destina a la infraestructura física.
La planta, conocida como Terafab, busca alcanzar una capacidad de procesamiento anual de un terawatt, lo que implicaría un incremento significativo en el poder computacional. De sus productos, uno será utilizado en vehículos Tesla y robots Optimus, mientras que el otro se integrará en centros de datos espaciales, parte de las iniciativas de Musk para expandir la infraestructura digital fuera de la Tierra. A pesar de estos objetivos, el sector no cuenta con experiencia directa en fabricación de semiconductores. Tesla, en una etapa anterior, sí contaba con un equipo de diseño de chips, pero tras la cancelación del proyecto Dojo —un superordenador interno—, la mayoría de los ingenieros abandonaron la empresa. Además, Musk ha expresado en múltiples ocasiones que el sector está mal comprendido, señalando que las fábricas de nanométricas no se gestionan como se cree.
El caso de SpaceX no es solo una cuestión de inversión tecnológica, sino también una señal de cómo las empresas de alto perfil están redefiniendo los límites del mercado. En el contexto peruano, donde el acceso a infraestructuras tecnológicas y la participación en inversiones industriales sigue siendo limitado, este tipo de acuerdos puede servir como ejemplo de cómo las políticas públicas y las alianzas privadas pueden moldear el crecimiento económico. Aunque el país aún no cuenta con plantas de fabricación de semiconductores, la creciente demanda de tecnologías digitales y la necesidad de modernizar su cadena de valor industrial hacen que escenarios como este sean de interés. Los peruanos, en particular, pueden ver en este caso una advertencia: el poder de las tecnologías emergentes no depende únicamente de la innovación, sino también de la capacidad de los gobiernos y empresas para diseñar modelos de colaboración que equilibren el interés privado y el desarrollo colectivo.