Segun Forbes Business, la oferta pública inicial de SpaceX fijó su precio inicial en $135 por acción, convirtiéndola en la mayor emisión de capital en la historia, con un valor de mercado de 1.77 billones de dólares. Este monto supera a Saudi Aramco, con 1.75 billones, y a Tesla, que alcanza 1.49 billones. La apertura de trading se producirá el viernes 12 de junio de 2026 en la Nasdaq bajo el símbolo SPCX. Inicialmente, las primeras indicaciones muestran que el precio de cierre será de 175 dólares por acción, un incremento del 30% respecto al precio de emisión.
La empresa podría iniciar su operación antes de las 12 del mediodía, dependiendo de si los bancos financieros deciden no vender el 10% de las acciones antes del comienzo. Este escenario se basa en el comportamiento de otros grandes lanzamientos recientes: CoreWeave, que recaudó 1.500 millones de dólares, comenzó a operar apenas después de las 13 horas, mientras Figma, con una emisión de 1.200 millones, inició su trading justo antes de las 14 horas. En ambos casos, el proceso de arranque tomó varias horas.
Los datos revelan un fuerte interés del mercado, con inversores individuales que han solicitado la compra de más de 100 mil millones de dólares en acciones. BlackRock ha registrado un pedido para adquirir al menos 5 mil millones de dólares en shares. Este volumen es comparable al total recaudado por Cerebras, una empresa especializada en chips de inteligencia artificial, que elevó 5.500 millones en su oferta pública en abril. Aunque el precio inicial se mantuvo firme, el mercado ha registrado una demanda desbordante que ha generado debates sobre la viabilidad de una evaluación tan alta.
En el contexto peruano, donde el acceso al mercado de valores es más limitado y las inversiones privadas aún se concentran en activos tradicionales como acciones de empresas cotizadas en bolsas internacionales, este caso de SpaceX ofrece una mirada clave. Mientras que el Perú no cuenta con una empresa de esta magnitud, la historia de SpaceX ilustra cómo las innovaciones tecnológicas pueden generar valor de forma acelerada. Para los inversores peruanos, este escenario subraya la importancia de diversificar sus portafolios y considerar oportunidades en sectores emergentes, aunque con un alto nivel de riesgo. Aunque no están disponibles los mismos instrumentos, el caso de SpaceX puede servir como ejemplo de cómo la creación de valor a escala global depende de innovación, demanda masiva y confianza institucional.
El hecho de que una empresa de tecnología privada alcance un valor tan alto en tan poco tiempo sugiere que las expectativas de crecimiento en sectores como la inteligencia artificial, el espacio o las energías limpias podrían ser consideradas en estrategias de inversión a largo plazo. Para el público peruano, esto no implica necesariamente una inversión directa, pero sí fomenta una reflexión sobre la capacidad de los nuevos modelos económicos para transformar el panorama financiero global.
