Según Bloomberg Línea, el S&P 500 cerró septiembre con una baja de solo 0,5% respecto al cierre de agosto, manteniendo una posición positiva en el año con una ganancia acumulada del 12%. A pesar del aumento de los rendimientos en bonos estadounidenses, que alcanzaron niveles no vistos desde 2007, el índice mostró estabilidad, impulsado principalmente por el avance tecnológico en inteligencia artificial. Analistas coinciden en que el crecimiento de esta tecnología ha sido clave para mantener el momentum de las acciones, especialmente en sectores que requieren infraestructura física intensiva.
Martín Cordeviola, de Portfolio Personal Inversiones, destacó que incluso con tasas de interés superiores al 5,2% en el mercado de 10 años, las empresas continúan justificando inversiones en centros de datos. “Las compañías generan ingresos sólidos”, afirmó, y señaló que el gasto en infraestructura tecnológica seguirá creciendo, independientemente de fluctuaciones en precios del petróleo o rendimientos de títulos del gobierno. Este fenómeno no se limita a fabricantes de chips como Nvidia Corp. (NVDA) o Micron Technology Inc. (MU), sino que se extiende a múltiples ramas: generación eléctrica, equipos industriales, sistemas de refrigeración líquida para servidores, conectividad de alta velocidad y fondos inmobiliarios especializados en tech.
Una crítica a esta dinámica proviene de Mauricio Villacorta, estratega de IOL, quien señaló que la resistencia del S&P 500 no se debe a una fuerza generalizada, sino a una concentración de valor en un solo sector. Al analizar datos al 29 de septiembre, se observó que el índice ponderado por capitalización (SPY) solo cedió 0,4% en 30 días, mientras que su versión igualmente ponderada (RSP) cayó 4,5%. Desde el 16 de septiembre, cuando la Reserva Federal subió 25 puntos base, el SPY ganó 1,3% y el RSP perdió 1,3%, generando una diferencia de 2,6 puntos en dos semanas. Esta brecha revela que el promedio del índice oculta una desigualdad significativa en el comportamiento de sus componentes.
Para el inversionista peruano, esta evolución pone de manifiesto que los mercados no operan de forma uniforme. Los rendimientos en bonos y tasas de interés altas pueden presionar el entorno financiero, pero la demanda de tecnología, especialmente en sectores de inteligencia artificial, puede generar respuestas fuertes en ciertos segmentos. Aunque el crecimiento no es universal, el sector tecnológico sigue siendo un pilar clave para el rendimiento de los mercados globales. Este escenario sugiere que, en un contexto de mayor volatilidad, la diversificación dentro de la cartera es fundamental para mitigar riesgos y aprovechar oportunidades en áreas de innovación.
