Según Gestión Tu Dinero, el panorama de riesgos sísmicos en el Pacífico impacta directamente a países como Perú, Colombia y Venezuela. Estos territorios conforman parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, un eje geológico que genera frecuentes terremotos, con magnitudes que varían de intensidad moderada a severa. En agosto, un sismo de 7.4 en Colombia causó más de 300 muertes, mientras que en junio, dos terremotos similares afectaron La Guaira, Venezuela, dejando más de 6,000 víctimas. En el caso peruano, el último sismo registrado en el norte de Ayacucho tuvo una magnitud de 7.2, con epicentro en Coracora.
La Asociación Peruana de Empresas de Seguros (Apeseg), liderada por Eduardo Morón, ha estimado que una catástrofe sísmica de gran escala en Lima podría generar pérdidas que superen el 8% del PBI, cifra que se sitúa en aproximadamente US$ 28,000 millones. Este valor representa una parte significativa del producto interno bruto del país. Las pérdidas en Colombia, por su parte, se han valorado en US$ 10,000 millones, mientras que el Banco Mundial ha calculado una destrucción directa en Venezuela de US$ 19,500 millones. Es importante destacar que esta última cifra no incluye costos adicionales de reconstrucción con tecnología moderna ni la eliminación de escombros, lo que sugiere que los totales reales podrían ser aún mayores.
En Colombia, el sismo afectó principalmente a la ciudad de Cali, sin comprometer ciudades más grandes como Medellín o Bogotá. Sin embargo, en Perú, el impacto es particularmente grave debido a la concentración extrema de actividades económicas en Lima. El 80% del PBI peruano se genera en la capital, lo que amplifica la exposición de la economía ante un evento sísmico. Esta centralización de producción, servicios y población hace que cualquier desastre en la capital se traduzca en una pérdida económica masiva y de difícil recuperación.
Para el lector peruano, este contexto evidencia que la vulnerabilidad sísmica no es solo un riesgo geográfico, sino una amenaza económica estructural. Las cifras de pérdidas, que alcanzan decenas de miles de millones de dólares en países vecinos, ponen en evidencia la necesidad de mecanismos de protección. Aunque los seguros actuales no cubren todos los escenarios, su implementación más accesible y eficaz puede convertirse en una herramienta clave para mitigar impactos. En un país donde la economía depende en gran medida de una sola ciudad, el acceso a productos de seguros específicos para riesgos naturales no es una opción opcional, sino una estrategia de estabilidad financiera.
