Según Gestión, el ingreso promedio mensual por trabajo en Lima Metropolitana entre marzo y mayo de 2026 alcanzó S/ 2,317.4, un incremento de 7.5% respecto al mismo periodo del año anterior. Este dato fue reportado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Los sectores comercio, servicios y construcción registraron crecimientos en ingresos, con alzas del 18.7%, 8.1% y 0.9% respectivamente, mientras que el sector manufacturero experimentó una reducción de 5.1%. En este escenario, la construcción fue el sector con mayor ingreso promedio mensual, alcanzando S/ 2,616.7, mientras que el comercio fue el que registró el menor monto, de S/ 1,885.
La evolución de los salarios por edades revela diferencias significativas. Los ocupados de 45 años o más obtuvieron un aumento de 8.2%, equivalente a S/ 190.4 mensuales. En contraste, los trabajadores entre 25 y 44 años, así como los menores de 25, vieron su ingreso crecer en 6.6%, lo que representa S/ 146.7 y S/ 84.4 respectivamente. En cuanto al nivel educativo, el incremento fue más notable entre quienes poseen educación superior no universitaria (11.1%, S/ 204.8), seguido por quienes terminaron la primaria (5.8%, S/ 71.6), quienes tienen secundaria (3.2%, S/ 50.9) y quienes han completado estudios universitarios (2.3%, S/ 77.3).
Por sexo, las mujeres experimentaron un aumento de su ingreso promedio mensual de 10.8% (S/ 194.2), mientras que los hombres registraron una subida de 5.7% (S/ 140). Este desempeño contrasta con la realidad que persiste en zonas rurales y periféricas del país, donde el trabajo infantil sigue siendo una problemática estructural. Aunque Lima registra mejoras económicas, muchas comunidades en el interior del país aún enfrentan condiciones laborales precarias, donde niños y jóvenes son aprovechados en tareas que no cumplen con estándares de seguridad ni desarrollo humano.
Para los peruanos que viven en zonas menos desarrolladas, estos datos no reflejan solo cifras de mercado, sino una brecha entre el avance urbano y la realidad en el campo. La mejora en salarios en Lima no garantiza que las condiciones laborales en otras regiones se vean mejoradas. La necesidad de políticas públicas que protejan a los jóvenes y a las niñas del trabajo precario se vuelve urgente. El crecimiento económico no debe ser un indicador de equidad. Los datos muestran que, aunque hay avances, el camino hacia una economía justa y inclusiva aún está lejos de estar trazado.
