Según Gestión, el Índice de Competitividad Laboral (ICL) de Perú, gestionado por ComexPerú, registró un puntaje promedio nacional de 54.2 sobre 100. Este valor representa una leve mejora frente al año anterior, equivalente a una calificación escolar de 11 en una escala de 0 a 20. Aunque Lima ocupa el quinto lugar en el ranking, su desempeño en competitividad no refleja su posición como centro económico principal. La región que lidera el ICL es La Libertad, con 72.7 puntos, seguida por Ica (72.6), Moquegua (67), Ucayali (64) y Lima (62.4). Así, si se evalúa Lima en esta escala, su puntuación sería de 12, cifra que deja en evidencia una brecha respecto a otras zonas.
Los tres pilares que definen el desempeño laboral son el acceso al mercado, el entorno de trabajo y la seguridad social. A pesar de ser el principal generador de empleos en el país —con 6.3 millones de puestos—, Lima no logra consolidar una ventaja general en competitividad. En 2023, la región fue la menos informal, con una tasa del 57%, una reducción de 2.1 puntos porcentuales frente al año anterior, superando así a Ica, que anteriormente era la más formal. Este dato indica que, aunque la formalidad aumenta, no se traduce necesariamente en mayores salarios o condiciones laborales robustas para la alta dirección.
Los sectores que generan los mayores ingresos en el país, especialmente en cargos de liderazgo, se concentran en Moquegua, impulsada por la minería y la industria manufacturera. En ese contexto, los salarios de directivos en esa región superan los S/ 150,000 mensuales. Aunque Lima registra un ingreso promedio de S/ 2,393 mensuales, ocupa solo el segundo lugar en el país por este indicador. Esto sugiere que el valor de la capital no se refleja en niveles salariales de alto rango, sino en la cantidad de empleos generales.
Para el lector peruano, este panorama revela una realidad clave: el éxito económico no se mide solo por la densidad poblacional o la presencia de centros urbanos. La competitividad laboral en una región no depende únicamente de su tamaño, sino de su estructura industrial, su nivel de formalidad y su capacidad para ofrecer condiciones estables. Las zonas periféricas, como Moquegua o La Libertad, logran resultados superiores no por su tamaño, sino por la eficiencia de sus economías. Esto implica que, para quienes buscan oportunidades en liderazgo empresarial, el mercado no está solo en la capital, sino en regiones donde las industrias clave han desarrollado modelos más resilientes y sostenibles.
