Según Forbes Business, el mercado de vehículos terrestres autónomos en Ucrania creció un 488% en 2025, según un estudio del Instituto KSE, Brave1 y Defense Builder. Este impulso se produce en paralelo con una estrategia oficial de ampliación de la presencia militar de máquinas en el frente. En abril, el presidente Volodymyr Zelensky ordenó que el ejército disponga de al menos 50.000 vehículos terrestres no tripulados (UGVs) para 2026, describiéndolos como "el siguiente paso clave" para proteger a los soldados. La industria local de estos vehículos se ha acelerado tanto que, según Ihor Shmyryov, director del departamento de UGVs en Brave1, los contratos para el primer semestre de 2026 superarán el número de vehículos adquiridos durante todo 2025, alcanzando 25.000 unidades. Este volumen representa el doble de las compras realizadas en el año anterior.
Andrii Biletsky, comandante del tercer corps ucraniano, ha señalado que los UGVs podrían eventualmente sustituir hasta un tercio de las posiciones de infantería, especialmente en tareas logísticas y de combate. Shmyryov afirma que la meta es reemplazar a los soldados de línea por drones y vehículos autónomos, lo que implica una integración entre drones aéreos y robots terrestres. Desde abril, los vehículos han ejecutado más de 10.000 misiones, principalmente para entregar suministros a posiciones de combate. Asimismo, han sido utilizados para evacuar a heridos, aunque estas operaciones requieren planificación meticulosa en entornos hostiles.
La presencia constante de vigilancia por drones ha convertido incluso movimientos rutinarios en el frente en actividades peligrosas. Los robots permiten que se realicen entregas o rescates sin exponer a personal humano a ataques aéreos. A medida que el terreno se vuelve más inseguro, la demanda de máquinas que asuman funciones humanas aumenta. Heiner Philipp, ingeniero de Technology United for Ukraine, destacó que "los drones hacen que el terreno sea inhabitable", al permitir a las fuerzas ucranianas detectar y atacar posiciones rusas incluso durante la noche, previniendo que las unidades de infantería entren en contacto directo.
Para el lector peruano, este escenario ofrece una reflexión clave sobre la evolución de la defensa moderna. En un contexto donde los costos y riesgos de operaciones militares crecen, las tecnologías autónomas no solo reducen pérdidas humanas, sino que también permiten una mayor eficiencia en el uso de recursos. Aunque el Perú aún no ha adoptado este tipo de sistemas en su defensa, el crecimiento de la industria de tecnologías de seguridad y automatización en el país —como en el sector de transporte o logística— sugiere que futuras inversiones podrían incluir soluciones similares. La experiencia ucraniana demuestra que, frente a amenazas crecientes, la integración de tecnologías avanzadas no es una opción futura, sino una necesidad estratégica para mantener la resiliencia.
