Segun Harvard Business Review, desde que comenzó en fines de febrero, el conflicto en Irán ha alterado el acceso a energía, las tarifas al consumidor y el rendimiento de las cadenas de suministro, con consecuencias que se anticipan para el futuro cercano. Este escenario recuerda al conflicto en Ucrania, que también generó inestabilidad energética, aumentos en precios de materias primas y volatilidad en los mercados financieros. Las empresas de distintos sectores enfrentan ahora una nueva realidad: la posibilidad de que las operaciones se ralenticen o incluso se interrumpan por razones geopolíticas.
La cobertura de seguros tradicionales, en muchos casos, no está diseñada para abarcar los riesgos que surgen en entornos de conflicto militar. Aunque las pólizas de seguros suelen proteger contra desastres naturales o accidentes industriales, suelen eximirse de responsabilidades en situaciones de guerra o violencia armada. En el caso de Irán, empresas que dependen de suministros energéticos o de productos de exportación están expuestas a una cadena de efectos que van desde la escasez de insumos hasta el aumento de costos logísticos. Los datos muestran que, en promedio, el 60% de las empresas en sectores clave reportan interrupciones en sus operaciones por eventos de alto impacto geopolítico, aunque solo el 15% de estas han contratado pólizas específicas para riesgos de conflicto.
La falta de una regulación clara en este tipo de riesgos ha dejado a muchas organizaciones sin un mecanismo efectivo para proteger sus ingresos o mantener la continuidad de sus servicios. Los expertos señalan que, en el contexto actual, las empresas deben evaluar sus exposiciones no solo en términos de mercado, sino también en función de las tensiones internacionales. Un análisis de la cadena de suministro revela que, en sectores como la manufactura o la logística, incluso pequeñas perturbaciones pueden multiplicarse en cascada, afectando precios, entregas y disponibilidad de productos.
Para los empresarios peruanos, este escenario es particularmente relevante. El Perú, como país con una economía dependiente de exportaciones y que mantiene vínculos comerciales internacionales, está expuesto a fluctuaciones en los precios de materias primas y en la disponibilidad de insumos. La industria de la minería, por ejemplo, depende directamente de la estabilidad en el mercado global de metales. Si un conflicto internacional afecta los precios de cobre o oro, o si las rutas de transporte se ven interrumpidas, el impacto puede ser inmediato. Además, las empresas peruanas que operan en el extranjero enfrentan un riesgo adicional: la imprevisibilidad de las políticas de otros países en momentos de crisis.
En este contexto, es crucial que los líderes de negocios revisen sus estrategias de gestión de riesgos. No basta con contar con una póliza de seguros genérica. Se requiere una evaluación detallada de los escenarios de riesgo, la diversificación de fuentes de suministro y el desarrollo de planes alternativos en caso de interrupciones. La preparación ante el riesgo geopolítico no es una opción, es una necesidad para mantener la sostenibilidad de cualquier negocio en un mundo cada vez más interconectado.
