Según Forbes Business, el mercado actual enfrenta una tensión significativa entre quienes consideran que los precios del petróleo han caído hasta niveles cercanos a los de antes de la guerra, y otros que argumentan que las condiciones fundamentales del mercado, junto con los riesgos geopolíticos, deberían justificar precios superiores a los 100 dólares por barril. Esta divergencia genera confusión entre el público, quien suele cuestionar la capacidad de los expertos para explicar los movimientos de precios. Un dato clave en este escenario es que, como señala Greg Mankiw, un economista de Harvard, “siempre hemos sido deficientes al predecir”, y esa limitación no solo afecta a los economistas, sino que también es un punto crítico en su credibilidad. Aunque los políticos también hacen pronósticos que no se cumplen —como el impacto de la guerra en Irán sobre los precios—, no se presentan como científicos, lo que genera una diferencia en el tratamiento de sus afirmaciones.
La percepción del consumidor sobre los precios es clave. En una emisora, un oyente preguntó por qué algunas estaciones de servicio cobraban precios distintos, mientras que otra señaló que otras cobraban lo mismo. Aunque la respuesta no fue clara, el hecho evidencia que las personas tienden a ver los precios como determinados por individuos concretos, especialmente cuando ven que una estación modifica sus tarifas. Esta noción se relaciona con la filosofía de David Hume, quien afirmó que “nada existe sin una causa de su existencia”, y que la casualidad puede ser una forma de ocultar la verdadera causa detrás de un fenómeno. Si en lugar de atribuir los precios a la casualidad, se reemplaza por el “invisible hand” de Adam Smith —la fuerza invisible del mercado—, se llega a una explicación que muchos economistas utilizan como recurso final: el deus ex machina. Este concepto describe una fuerza externa, invisible y poco comprensible, que justifica los cambios de precios sin ofrecer un mecanismo claro.
En el caso del petróleo, el precio final en una estación depende del precio al por mayor que el propietario debe pagar. Aunque los dueños de estaciones ajustan sus precios según el entorno, la mayoría enfrentan el mismo costo base. Esto significa que los movimientos en el precio final no son solo una decisión estratégica, sino que están condicionados por el mercado de intermediarios. Para los peruanos, este modelo revela una realidad: los precios que observan en el mercado local —como el combustible— no son arbitrarios, sino que están influenciados por una cadena de costos que comienza en el exterior. Aunque el consumidor siente que el precio es fijo, en realidad está en un sistema dinámico donde cada decisión se vincula a una estructura más amplia. Esto exige mayor atención al momento de tomar decisiones de inversión o consumo, ya que los cambios en el precio de productos básicos no siempre reflejan decisiones individuales, sino que son parte de un sistema global y complejo.
