Según Bloomberg Línea, el mercado energético enfrenta presiones sostenidas por el aumento de precios del crudo, especialmente debido a la estabilidad de ofertas mediterráneas y la persistencia de riesgos geopolíticos. Goldman Sachs ha actualizado sus proyecciones para el petróleo Brent y WTI, destacando tres posibles trayectorias hasta 2027, basadas en la recuperación del suministro del Golfo Pérsico y el potencial de nuevos eventos que interrumpan las cadenas de suministro. Para el cierre de 2026, el banco eleva su estimación del Brent de US$85 a US$90 por barril, mientras que mantiene su promedio anual para 2027 en US$80. En contraste, los escenarios alternativos proyectan niveles extremos: desde un máximo de US$125 hasta un descenso hasta US$60 por barril.
La recuperación de exportaciones del Golfo Pérsico no ha disminuido la presión sobre los precios. Los niveles de inventarios globales siguen por debajo de lo esperado, lo que alimenta la prima de riesgo, que actualmente supera los US$20 por barril. El equipo de materias primas de Goldman Sachs, liderado por Daan Struyven, subraya que los riesgos para la previsión de precios siguen orientados al alza, especialmente en los primeros meses del año. Este escenario se refleja en su análisis del crudo Brent, que para 2026 alcanzaría US$90, frente a US$80 antes, y en el WTI, que se ajustaría de US$75 a US$73, considerando los costos operativos más altos en transporte marítimo entre Estados Unidos y Europa.
El escenario central de Goldman Sachs prevé una disminución gradual del Brent, que parte de US$88 en enero de 2027 y concluye en US$75 al final del año. Para 2028, 2029 y 2030, el promedio del Brent se mantendría estable en US$75. Este perfil indica una tendencia de estabilización a largo plazo, aunque con una base de incertidumbre que depende de eventos externos. A pesar de la proyección de recuperación de ofertas, el mercado energético mantiene una sensibilidad elevada ante perturbaciones geopolíticas o cambios en el comportamiento de los consumidores globales.
Para los inversionistas peruanos, este panorama resalta la importancia de evaluar la exposición a materias primas en sus portafolios. El petróleo, aunque no forma parte directamente de las economías peruanas, influye en el costo de la energía, la logística y la producción industrial. Al mismo tiempo, los precios del crudo afectan a las tasas de interés y al comportamiento de los mercados financieros, lo que puede traducirse en variaciones en el costo de crédito y en la estabilidad de las inversiones. Aunque el Perú no depende directamente del petróleo, su economía está interconectada con el comportamiento global de los precios de materias primas. Por eso, comprender estas dinámicas permite tomar decisiones más informadas sobre la gestión de activos y el riesgo en el contexto local.
