Según arXiv q-fin, un estudio analiza cómo las estrategias de seguimiento sistemático de tendencias han perdido eficacia en los últimos años, especialmente desde 2009. El análisis se basa en una muestra de aproximadamente 100 contratos futuros líquidos entre 1995 y 2025, junto con un proxy representativo del sector de operadores de contratos a término (CTA). Los resultados revelan que, a pesar de haber sido rentables en promedio durante al menos dos siglos, las señales de corto plazo ya no generan retornos confiables. La investigación identifica que el factor clave que separa los contratos donde las estrategias fallan de aquellos que siguen funcionando es el tamaño de la variación por tick, normalizado por la volatilidad. Después de 2008, los retornos de tendencias se redujeron drásticamente en contratos con pequeños tics, mientras que en contratos con grandes tics, los beneficios permanecieron prácticamente inalterados. Este patrón no se repite en función de la clase de activo ni de la liquidez, lo que indica que el mecanismo detrás de la disfunción es estructural, no meramente técnico.
El estudio evalúa cuatro hipótesis explicativas: restricciones de capacidad, la electrificación de mercados, cambios en las interacciones entre CTA y flujo de órdenes, y mecanismos microestructurales. Sin embargo, las primeras tres no se sostienen ante pruebas de cronología, intensidad o diversidad de resultados. La hipótesis más robusta apunta a un bucle auto-reforzante que sostenía la rentabilidad de los sistemas de tendencias. Este ciclo se activaba cuando las señales de tendencia generaban operaciones direccionales, cuyo impacto en el precio reforzaba las mismas movimientos que habían sido detectados. Este mecanismo dependía de que los operadores pudieran ejecutar órdenes con agilidad y bajo costo. A partir de la crisis financiera, el mercado se trasladó hacia una estructura dominada por operaciones de alta frecuencia (HFT), cuyo comportamiento de suministro de liquidez se vuelve más agresivo frente a flujos predecibles. En contratos con pequeños tics, donde los libros de órdenes son escasos, esta estrategia de liquidez se rompe, generando un entorno donde el impacto de las operaciones se amplifica en lugar de neutralizarse. En contratos con grandes tics, la profundidad residual permite que el ciclo persista.
Para inversores peruanos, este hallazgo implica que las estrategias tradicionales de seguimiento de tendencias, especialmente en mercados como el de productos agrícolas o commodities, pueden volverse ineficaces si no se adaptan al entorno actual. Los mercados de futuros en el Perú, aunque aún en desarrollo, están bajo presión de cambios tecnológicos y de velocidad de ejecución. Los inversores deben considerar que el éxito de una estrategia no depende únicamente de la calidad del modelo, sino también de su capacidad para operar en un entorno donde la liquidez se distribuye de forma asimétrica. La presencia de operadores de alta frecuencia puede distorsionar el comportamiento de precios, especialmente en contratos con menor profundidad. Por ello, es fundamental que los inversionistas evalúen no solo el historial de retornos, sino también la estructura de liquidez y la velocidad de ejecución de sus operaciones.