Según Gestión Tu Dinero, las restricciones por edad han ido reduciendo las posibilidades de acceso a créditos para personas mayores, especialmente en el sector financiero peruano. A partir de los 69 años y 360 días, los bancos dejan de ofrecer el seguro de desgravamen, una cobertura obligatoria para la concesión de préstamos. Este requisito, que históricamente ha sido clave para evaluar el riesgo de crédito, deja de estar disponible en esa franja etaria, lo que impide que muchos adultos mayores sean considerados como candidatos para financiamiento. En su lugar, los institutos bancarios exigen garantías adicionales, como la hipoteca de un bien inmueble o el compromiso de bienes familiares, para asumir el riesgo asociado a la contratación de un préstamo.
La alternativa más común ha sido el uso de pólizas de vida vigentes como garantía financiera. Estas pólizas, al ser endosables, permiten que el titular sea evaluado como crédito viable sin necesidad de presentar otros activos. El especialista Alexander Gustavson, de BL Corredores de Seguros, explica que el seguro de vida actúa como un respaldo crediticio, sustituyendo el desgravamen y evitando que el patrimonio familiar sea afectado. Aunque el desgravamen se aplica mensualmente junto a las cuotas de un crédito y cubre la deuda en caso de fallecimiento o invalidez, no genera ahorro ni devuelve dinero al titular. Este hecho ha impulsado el interés por productos de vida con componentes de inversión, que combinan protección y acumulación de capital.
En este escenario, los adultos mayores pueden endosar su póliza y usarla como garantía para obtener un préstamo, mientras simultáneamente construyen un fondo de ahorro. Sin embargo, el especialista recalca que estos productos no deben ser adoptados sin análisis riguroso. A medida que la edad del asegurado aumenta, los costos de las pólizas tienden a crecer, lo que puede impactar negativamente la rentabilidad de la inversión. Además, la falta de opciones de financiamiento adecuadas puede obstaculizar la capacidad de estos adultos para mantener sus gastos, cubrir gastos médicos o prepararse para la jubilación.
Para los peruanos, este panorama evidencia una brecha en el sistema financiero: aunque muchos adultos mayores tienen estabilidad en sus ingresos y buen historial de pagos, las barreras técnicas y regulatorias los excluyen de oportunidades clave. Esto no solo afecta su autonomía financiera, sino que también restringe la capacidad del país de integrar a su población mayor en el sistema de pensiones y ahorro. A medida que el envejecimiento poblacional avanza, el desarrollo de políticas que permitan acceso equitativo a créditos y seguros para adultos mayores será esencial para garantizar una transición más segura hacia la jubilación.
