Segun Gestión Tu Dinero, las mujeres en el Perú enfrentan barreras profundas que limitan su participación en decisiones financieras, aunque sus ingresos mensuales han registrado avances significativos. Entre julio de 2025 y junio de 2026, el ingreso promedio mensual de las mujeres llegó a S/ 1,673.7, lo que representa el 76% del monto de los hombres, que se ubicó en S/ 2,181.8. Esta brecha, aunque creciente, sigue siendo un indicador clave de desigualdad en el acceso al capital y a la autonomía económica.
La influencia de estereotipos de género persiste en el comportamiento financiero de las mujeres. Muchas creen que los números son complejos, que la ambición económica es inadecuada o que invertir requiere capitales elevados. Estas creencias, aunque no son universales, se consolidan desde la infancia y afectan la confianza en la toma de decisiones económicas. En este contexto, expertas como Truelany Guerra, especialista en educación financiera, señalan que el dinero no es solo un valor en una cuenta bancaria, sino un instrumento que ofrece libertad, estabilidad y opciones reales. A su vez, identifica cinco creencias comunes que obstaculizan el desarrollo económico femenino: la inseguridad en los cálculos numéricos, la percepción de que la ambición es inadecuada, la idea de que ahorrar no es suficiente, la creencia de que las inversiones son para hombres, y la creencia de que el éxito financiero es un destino exclusivo.
Estas mentalidades, aunque arraigadas, no son inevitables. La educación financiera no solo proporciona herramientas para gestionar el dinero, sino que permite desarrollar una visión crítica sobre cómo se construyen las decisiones económicas. Al comprender cómo se calculan ingresos, cómo se evalúan riesgos o cómo se proyectan inversiones, las mujeres pueden tomar decisiones más informadas y autónomas. El hecho de que el ingreso femenino haya crecido, aunque aún por debajo del masculino, indica un progreso real. Sin embargo, para que este avance se transforme en equidad, es necesario romper los prejuicios que se han construido a lo largo de décadas.
Para el lector peruano, este escenario plantea una reflexión directa: las mujeres que integran el mercado laboral y que gestionan sus ingresos, deben tener acceso a información clara, a formaciones financieras accesibles y a canales de apoyo que los reconozcan como protagonistas. El poder financiero no es un privilegio, sino una capacidad que puede ser desarrollada. En un país donde más del 50% de los trabajadores son mujeres, la promoción de una cultura financiera inclusiva no solo es ética, sino estratégica para el crecimiento económico sostenible.
