Según Yahoo Finance, el 8 de junio de 2026, OpenAI anunció formalmente que había presentado sus documentos de registro S-1 ante la Comisión de Valores y Bolsas de Estados Unidos. Esa declaración desencadenó una oleada de expectativas, con bancos que proyectaban una valorización pública de hasta 1 trillón de dólares. Sin embargo, apenas una semana después, el 25 de junio, se reveló que los asesores financieros de la empresa habían cambiado de postura, pidiendo oficialmente retrasar la oferta pública de acciones hasta 2027. Este giro revela una tensión crítica: el mercado privado de OpenAI había alcanzado una valorización de más de 850 mil millones de dólares en marzo de 2026, lo que implica una inflación exponencial de activos. Los directivos, en particular el CEO Sam Altman, rechazaron cualquier reducción en el objetivo de trillones, considerándolo inaceptable. Esta postura se vuelve más comprensible si se analiza el caso de SpaceX, cuya primera oferta pública generó un impulso inicial enorme, pero que luego sufrió una caída drástica en valoración. Los asesores, al observar ese patrón, dudan ahora que el público en general pueda soportar la especulación sobre tecnologías aún no probadas. El riesgo no está en que OpenAI no logre una oferta pública, sino en que el mercado privado haya sido subestimado en su capacidad de mantener valores elevados sin respaldo financiero sólido.
Para los inversores peruanos, este escenario plantea una advertencia clave. En un contexto donde el acceso a mercados de capitales es limitado y la regulación de inversiones aún se encuentra en desarrollo, las acciones de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial no deben ser tratadas como oportunidades de crecimiento inmediato. Las empresas que operan en el sector de infraestructura tecnológica, como Nvidia o Broadcom, ofrecen exposición directa a la demanda de procesamiento de datos, pero su valor también está profundamente vinculado a expectativas que, en el caso de OpenAI, se han mostrado inestables. Si el mercado privado no puede mantenerse sin una caída en sus valores, es probable que los inversores en el sector de tecnologías de vanguardia enfrenten pérdidas significativas. En un país como el Perú, donde el crecimiento económico depende en gran medida de sectores tradicionales, la inversión en tecnologías sin respaldo claro puede ser una estrategia de alto riesgo. Es fundamental que los inversores evalúen no solo el potencial de crecimiento, sino también la viabilidad de las expectativas que impulsan el mercado. En este escenario, la prudencia debe preceder a cualquier decisión de inversión, especialmente en sectores que aún no han demostrado una rentabilidad sostenida.