Según Gestión Tu Dinero, los cambios en las normativas de crédito han permitido que ciertos productos financieros —como hipotecas o créditos personales— sean otorgados sin la obligatoriedad de contratar un seguro de desgravamen. Esta medida, que busca simplificar el proceso de financiamiento y reducir los costos para el consumidor, exige que las instituciones financieras implementen alternativas sólidas para cubrir el riesgo de incumplimiento. Así, el seguro ya no es un requisito automático, sino una opción que depende de la evaluación de riesgo y del nivel de garantías disponibles.
El desgravamen, como póliza, se encarga de extinguir la deuda pendiente en caso de fallecimiento del titular, y en algunos casos también protege ante una invalidez total y permanente. Este mecanismo evita que la deuda se transfiera a herederos o afecte el patrimonio familiar, garantizando así la estabilidad económica del hogar. Aunque el acceso a créditos sin esta cobertura parece más flexible, especialistas señalan que su eliminación no es universal ni adecuada para todos los casos. La decisión de no contratar el seguro debe basarse en la estructura financiera personal y familiar, así como en el tipo de crédito obtenido.
Para quienes tienen préstamos de largo plazo, como hipotecas, mantener el seguro es una estrategia clave. En estos casos, el saldo pendiente es elevado y un evento imprevisto puede poner en riesgo la viabilidad de la vivienda o el equilibrio familiar. Además, quienes son el principal sostén del hogar o tienen dependientes económicos deben considerar esta protección como un elemento fundamental. La ausencia de desgravamen podría dejar a familiares expuestos a una carga financiera inesperada. En contraste, personas con patrimonio suficiente para asumir el pago completo del crédito y que cuentan con seguros de vida podrían ver esta cobertura como menos relevante, aunque no totalmente inexistente.
En el contexto peruano, donde la mayoría de las familias enfrentan presiones económicas crecientes y donde el acceso al crédito es cada vez más competitivo, esta evolución regula tanto la libertad del consumidor como su exposición al riesgo. Mientras que la reducción de costos puede atraer a más personas a financiar sus necesidades, el desequilibrio en la protección financiera podría amplificar vulnerabilidades en entornos de inestabilidad. Por eso, cada peruano debe evaluar no solo el monto del crédito, sino también su capacidad para absorber un evento adverso sin apoyo formal. La elección del seguro no es solo un paso técnico, sino una decisión de gestión familiar y de seguridad a largo plazo.
