Según CNBC Markets, el Mundial de Fútbol 2026 se convirtió en una de las plataformas más visibles de política en el segundo mandato de Donald Trump. Sin embargo, el alcance del evento entre los espectadores estadounidenses mostró un patrón notablemente equilibrado, según el último estudio del CNBC All-America Economic Survey. El informe revela que el 49 por ciento de los votantes registrados afirmó haber visto al menos parte del torneo. Este porcentaje se distribuyó de forma casi homogénea: el 51 por ciento de los demócratas, el 47 por ciento de los republicanos y el 47 por ciento de los independientes. Jay Campbell, investigador de Hart Research, destacó que "el Mundial cruza barreras partidistas, algo que en estos momentos parece ser uno de los pocos ámbitos en el mundo donde los intereses se alinean".
El estudio también evidenció que el porcentaje de espectadores no varió significativamente según el apoyo a los candidatos de 2024. Así, el 51 por ciento de quienes votaron por Kamala Harris afirmó haber seguido el torneo, frente al 47 por ciento de los que apoyaron a Trump. Además, el interés por el Mundial fue casi simétrico entre quienes aprobaron o desaprobaron al presidente: 47 por ciento y 50 por ciento, respectivamente. La brecha entre demócratas y republicanos en cuanto a participación en el torneo fue solo de cuatro puntos, una cifra menor que las diferencias observadas en otros deportes. Así, mientras los republicanos mostraron una preferencia de 13 puntos por el fútbol frente a los demócratas, los últimos datos indican que los demócratas tienen ventaja de siete puntos en el fútbol en general y en baloncesto.
Interesante es que solo el 8 por ciento de los encuestados identificó el fútbol como su deporte favorito, aunque 17 por ciento afirmó ver "mucho" el Mundial y otros 32 por ciento dijeron haber visto "alguno". Micah Roberts, de Public Opinion Strategies, calificó el evento como un escenario "donde ambos partidos coinciden", subrayando su capacidad para superar las divisiones políticas.
Para los lectores peruanos, este panorama ofrece una reflexión valiosa. En un contexto donde el deporte sigue siendo un referente de unidad social, el Mundial de Fútbol podría servir como modelo de cómo los eventos culturales pueden superar los discursos políticos. Aunque en el Perú las diferencias ideológicas en torno a la política y la economía pueden ser pronunciadas, el fútbol —como deporte de masas— ha demostrado su capacidad para conectar a comunidades. Si bien el Mundial no es un fenómeno nacional peruano, su éxito en mantener un nivel de participación neutral podría inspirar a nuestras instituciones a promover espacios de diálogo que trasciendan las divisiones políticas. En un país donde el deporte es una fuente clave de identidad colectiva, el ejemplo estadounidense sugiere que los eventos masivos pueden ser herramientas para la conciliación social.
