Segun Forbes Business, en el mundo acelerado de las startups tecnológicas, se ha observado una tendencia recurrente: las personas resisten el cambio por el miedo al desconocido. Buscan estabilidad, rutinas y un entorno seguro, lo que las mantiene atrapadas en zonas de comodidad. Sin embargo, una experiencia en los alpes suizos transformó esta visión. Allí, en la localidad de Linden, se encontró una comunidad que sostiene una filosofía radical: sin perturbaciones, no hay movimiento. Esta idea no es solo un pensamiento espiritual, sino una consecuencia física de las leyes del universo. En el siglo XVII, Isaac Newton formuló su primera ley del movimiento: “Todo cuerpo permanece en su estado de velocidad constante a menos que actúe sobre él una fuerza externa no equilibrada”. En otras palabras, si avanzas con tranquilidad, seguirás en el mismo lugar hasta que algo te impacte.
Este principio se puede visualizar como un globito de nieve. Cuando está en la estantería, todo está en equilibrio: la escena es clara, ordenada y estética. Pero inmóvil. Solo cuando lo agitas, se desborda el orden. En ese instante, el interior se borra, todo se vuelve confuso, pero luego, al volver a estabilizarse, se reorganiza. La imagen se limpia, pero el entorno ha cambiado. Como explicó Francis, miembro de esa comunidad, “comprender la primera ley del movimiento desde una perspectiva humana nos ayudó a verla en el ámbito tecnológico: si mantenemos el impulso del cambio, también mantendremos el flujo energético”. Allí, el cambio no se ve como amenaza, sino como fuerza impulsora. Ellos aceptan, en forma literal y simbólica, las perturbaciones como elementos necesarios para evolucionar.
Para el peruano de hoy, este enfoque adquiere una relevancia profunda. El mercado peruano ha enfrentado múltiples shocks: la crisis del 2020, las fluctuaciones de la moneda, la inflación y las nuevas regulaciones. Cada uno de estos eventos fue, en cierto sentido, un “impacto externo” que rompió el equilibrio de rutinas previas. En vez de verlos como obstáculos, se debe entender que cada uno los convirtió en puntos de inflexión. Una empresa que se mantenga inmóvil frente a una crisis, como un globito en la estantería, se quedará sin movilidad. Por el contrario, aquellas que se adaptan, aunque con incomodidad, logran reinventarse. El crecimiento no es una meta gradual, sino un proceso impulsado por perturbaciones.
En un contexto donde las decisiones económicas se toman cada día, el lector peruano debe aprender a no temer el cambio. Las condiciones del mercado no se mantienen estables. Lo que parecía seguro en 2023 puede volverse incierto en 2024. La clave está en entender que cada perturbación es una oportunidad para reconfigurar estrategias, reevaluar metas y reinventar modelos de negocio. No hay avance sin movimiento. Y si el universo rige sus leyes por medio de fuerzas externas, entonces el éxito también depende de la capacidad de responder a los cambios, no de evitarlos.
