Segun Gestión, Moody’s reciente actualización elevó la perspectiva de Petroperú a positiva, un cambio que refleja una reevaluación de su viabilidad financiera. Este ajuste se produce en el contexto de una estrategia de reorganización patrimonial impulsada por el Decreto de Urgencia 010-2025, que asigna a ProInversión la conducción de dicha transformación. Hasta la fecha, la agencia ha ejecutado una primera subasta, que concluyó con la adjudicación del chalet Paillardelle y del inmueble Petrocentro Cañete.
El cronograma de licitaciones detallado por Ángel Delgado, director del proyecto en ProInversión, establece una secuencia clara de eventos. El 5 de octubre se lanzará una segunda subasta, que abarcará 10 inmuebles con un valor comercial de US$23 millones, concluyéndose el 12 de diciembre. A partir de ese momento, la tercera convocatoria se efectuará el 23 de octubre, con 11 inmuebles por US$9.5 millones, y se adjudicarán el 22 de diciembre. Entre estas dos etapas, se negociará un monto total de US$32.6 millones. La cuarta licitación se inicia el 9 de noviembre de 2026, con adjudicación prevista para el 8 de enero de 2027. Finalmente, la quinta subasta será convocada el 24 de noviembre del próximo año, con entrega de la buena pro el 25 de enero de 2027.
En conjunto, el valor comercial de todos los inmuebles que se colocan en subasta suma US$46.5 millones. Estos bienes, que no están vinculados a funciones estratégicas de la empresa, forman parte de una estrategia para optimizar el patrimonio y mejorar la sostenibilidad financiera. Además, se menciona que ProInversión está en proceso de aprobar planes de promoción para los primeros bloques patrimoniales, que incluirán participación de inversionistas privados, especialmente en terminales de abastecimiento en regiones como Pisco y Mollend.
Para los peruanos, este proceso representa una señal de que la petrolera, que ha enfrentado presiones estructurales, está implementando ajustes claros y transparentes. La venta de inmuebles no estratégicos permite liberar recursos que podrían reforzar operaciones clave, como la distribución de combustibles en zonas rurales y periféricas. Aunque no se trata de una reestructuración radical, sí refleja una gestión más ágil, donde el patrimonio se vuelve más eficiente. Es un paso que, si se mantiene con consistencia, puede generar confianza en la viabilidad a largo plazo de Petroperú como actor clave en el sector energético nacional.
