Segun Gestión, Petroperú ha registrado una utilidad neta de US$ 144.9 millones en el tercer trimestre de 2026, una cifra que se sitúa en contraste con la pérdida de US$ 355 millones registrada en el mismo periodo del año anterior. Este resultado se construye sobre cuatro elementos clave: el aumento de precios internacionales de crudo y productos terminados, que impulsó la acumulación de inventarios entre marzo y septiembre; una estrategia de precios que amplió los márgenes comerciales; reducción en gastos operativos, de ventas y generales; y el incremento de ingresos derivados de los lotes petroleros, debido a los márgenes más altos por el aumento de precios del crudo. Además, el crédito puente por US$ 475 millones entre el SPV y bancos permitió la entrada de US$ 217 millones en septiembre, acelerando el flujo de efectivo.
A pesar de esta mejora, el informe de gestión revela siete factores que generan desajustes. La producción de diésel de bajo azufre, gasolinas y turbo A1 se redujo por problemas de liquidez que afectaron el suministro de crudo, así como por paradas programadas en unidades de procesamiento. Este escenario redujo el volumen de ventas de combustibles y productos especializados. Además, el oleoducto no generó ingresos por servicios de transporte, mientras que el Impuesto a la Renta Diferido (IRD) registró una carga desfavorable de -US$12 millones. Estas debilidades ponen en evidencia la dependencia de Petroperú de la estabilidad del mercado global y de su capacidad interna para mantener la cadena productiva.
Para el lector peruano, esta situación resalta la vulnerabilidad del sector energético frente a fluctuaciones internacionales. Mientras que el crecimiento de utilidades parece alentador, las interrupciones en la producción y la falta de ingresos por servicios de transporte indican que la empresa depende de condiciones externas que no están bajo su control. La subasta de activos, que atrae hasta 100 interesados, no solo refleja una búsqueda de liquidez, sino también una señal de que el modelo de negocio actual enfrenta desafíos estructurales. En un contexto donde el mercado interno de combustibles sigue siendo sensible a cambios de precios y disponibilidad, la estrategia de venta podría ser una forma de reestructurar el capital para garantizar sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, los resultados deben interpretarse con cautela: la mejora financiera no anula las brechas operativas que afectan su capacidad de cumplir con la demanda nacional.
