Segun Bloomberg Línea, las principales empresas del sector petrolero global han iniciado una reapertura de operaciones en Venezuela, tras décadas de restricciones económicas, caídas en producción y aislamiento financiero. A pesar de ese regreso, las compañías mantienen que su participación en el país depende de condiciones clave: estabilidad política, marco fiscal claro y avances en la reconstrucción de infraestructuras clave. Este despliegue se da en un contexto donde el sector petrolero venezolano ha experimentado una reducción drástica en su actividad, pasando de 3,5 millones de barriles diarios en los años setenta a un promedio de 921.000 barriles diarios en 2024, según S&P Global Ratings.
Chevron amplió su presencia en la Faja del Orinoco, mientras Shell anunció nuevas zonas de extracción de gas y avanzó en conversaciones con el gobierno caraqueño. Repsol recuperó el control operativo de varios proyectos y refinerías que antes operaban en el territorio, y Valero, empresa estadounidense, ya incrementó su procesamiento de crudo venezolano tras la flexibilización parcial de sanciones por parte de Estados Unidos. Este movimiento corporativo coincide con cambios regulatorios clave, especialmente en el ámbito de exportaciones, suministro de diluyentes y servicios petroleros, que han sido autorizados por Washington. El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) señaló que estas políticas marcan "el cambio más significativo en el entorno operativo del sector en años", y definen directamente las condiciones para la recuperación del sector.
El potencial de crecimiento de la industria venezolana es notable. Oil & Gas Journal estima que el país posee 303.000 millones de barriles de reservas probadas, aunque la mayoría se concentra en crudos pesados y extrapesados de la Faja del Orinoco. Para su extracción, se requieren tecnologías especializadas, diluyentes y grandes inversiones, lo que implica altos costos operativos. A pesar de ese desafío, S&P Global Ratings proyecta que Venezuela podría elevar su producción entre 500.000 y 700.000 barriles diarios en los próximos dos o tres años, alcanzando entre 2,5 y 3 millones de barriles diarios en una década. Sin embargo, ese escenario se mantiene condicionado a la estabilidad política y al cumplimiento de acuerdos fiscales.
Para los inversores y operadores peruanos, este panorama ofrece una lección sobre la relación entre políticas externas, estabilidad institucional y el potencial de sectores estratégicos. Aunque Venezuela no es un país vecino directo, su evolución en energía ilustra cómo el retorno de inversiones internacionales puede ser un indicador de la viabilidad de modelos productivos en economías con historias complejas. El caso venezolano resalta que el crecimiento sostenido no depende solo de recursos naturales, sino de la capacidad de adaptar el entorno regulatorio y de mantener condiciones que permitan el acceso a capitales y tecnologías. En el Perú, donde también se desarrollan proyectos de energía y minería, este análisis puede servir como referencia para evaluar la importancia de políticas estables y claras en la atracción de inversiones.
