Según Bloomberg Línea, el precio del petróleo ha reactivado preocupaciones sobre la estabilidad económica global. El Brent superó nuevamente los US$100 por barril el jueves pasado, impulsado por ataques de hutíes a buques petroleros en el mar Rojo. Este evento alimentó temores sobre interrupciones en el suministro, ampliando ya una tensión que incluye bloqueos en el estrecho de Ormuz y una oferta petrolera cada vez más apretada. Aunque las proyecciones económicas no prevén que el petróleo se mantenga por encima de los US$120 por barril, el escenario actual pone en evidencia una vulnerabilidad estructural en las cadenas de suministro globales.
La combinación de factores —el precio elevado del petróleo, el deterioro del comercio internacional y el potencial de un El Niño intenso— crea un entorno en el que las perturbaciones en la oferta pueden propagarse rápidamente. Este riesgo no se limita a un sector específico, sino que puede afectar a precios de alimentos, transporte y energía. Los analistas destacan que el impacto de un El Niño fuerte sería un shock de oferta adicional, en un momento en que las economías, especialmente las más vulnerables, ya operan con márgenes de resiliencia reducidos. Henry Allen de Deutsche Bank señala que una intensificación del fenómeno climático podría representar una amenaza significativa, dada la escasez de espacio para absorber nuevos choques en el sistema económico global.
Además, el contexto energético se ve agravado por las tensiones en Medio Oriente, que persisten como fuente de inestabilidad. Las cadenas de suministro, ya comprometidas por interrupciones geográficas, enfrentan ahora una presión adicional por el clima. Los aranceles, por su parte, han dejado de ser un instrumento efectivo para modificar el escenario, lo que indica que las políticas comerciales tradicionales no pueden compensar las presiones estructurales derivadas de eventos climáticos o de seguridad.
Para los peruanos, esta situación tiene implicaciones directas. El país depende en gran medida de la estabilidad de precios en alimentos y energía, especialmente en regiones donde el acceso a servicios básicos es limitado. El aumento de la inflación, potenciado por fluctuaciones en el mercado global, puede afectar el poder adquisitivo de los hogares. Además, las exportaciones de productos agrícolas, que ya enfrentan presión por condiciones climáticas, podrían verse comprometidas si el El Niño afecta las cosechas. Aunque el riesgo de un escenario extremo no se ha confirmado, el panorama actual sugiere que la economía global, y por ende la de Perú, debe mantener una vigilancia constante sobre indicadores clave de oferta y precios.
