Segun Gestión, el Ministerio de Producción autorizó un régimen provisional para la pesca de merluza que comenzará el 1 de julio de 2026 y se extenderá hasta el 30 de junio de 2027. Este marco establece una cuota inicial de 10,000 toneladas, diseñada como medida preventiva para mantener la sostenibilidad de la actividad pesquera. Las operaciones se desarrollarán entre el extremo norte del territorio marítimo peruano y los 7 grados de latitud sur, con la posibilidad de ajustar el límite de captura conforme avancen los datos científicos sobre el estado del recurso. La resolución ministerial Nº 000187-2026-PRODUCE, publicada en El Peruano, indica que la cuota inicial será evaluada periódicamente por el Instituto del Mar del Perú (Imarpe), que presentará informes que permitirán definir el máximo permitido para el periodo completo de vigencia. El volumen autorizado solo se mantendrá mientras no se agote o hasta que Imarpe entregue los datos técnicos necesarios para una nueva asignación.
Este mecanismo busca equilibrar la demanda de alimentos y la conservación del recurso pesquero. La medida incluye prohibiciones clave, como la pesca al sur de los 7° de latitud sur, y obliga a todas las embarcaciones a contar con sistemas de seguimiento satelital. Además, se impone una suspensión de las actividades cuando se detecte una captura incidental excesiva de ejemplares jóvenes, lo cual protege las poblaciones futuras. Imarpe seguirá realizando monitoreos constantes sobre el estado biológico de la merluza, con el objetivo de evaluar si se requiere una revisión proactiva de la cuota durante el periodo.
Para los peruanos, especialmente en regiones costeras donde la pesca es una actividad clave para la economía familiar y la alimentación, este régimen representa un punto de estabilidad en un sector vulnerable. A pesar de que la merluza es un alimento básico y accesible, su sobreexplotación ha sido histórica. La implementación de cuotas ajustadas y controles científicos no solo protege el ecosistema marino, sino que también asegura que las comunidades pesqueras no se vean afectadas por una caída drástica en la producción. Este enfoque, basado en datos reales y evaluaciones periódicas, ofrece una alternativa más responsable frente a las fluctuaciones climáticas y las presiones comerciales. En un contexto donde el clima influye directamente en la pesca, como en el caso de El Niño, estas medidas podrían prevenir una crisis económica en zonas vulnerables. La confianza en un sistema que prioriza el equilibrio entre la producción y la conservación es clave para el desarrollo sostenible de la pesca en el Perú.
