Segun Gestión Tu Dinero, el fenómeno de El Niño sigue siendo el principal desafío para la economía peruana, mientras que otros eventos climáticos han comenzado a manifestarse con intensidad creciente. En este contexto, las compañías de seguros han registrado una serie de siniestros que exigen una reevaluación de la cobertura de sus pólizas. En Arequipa, por ejemplo, lluvias de gran intensidad —no registradas en muchos años— provocaron inundaciones en distintas zonas de la ciudad, desbordando las torrenteras y generando daños estructurales. Este incidente fue señalado por Luis Alberto Vásquez Vargas, gerente general de La Positiva, como un ejemplo claro de cómo los eventos climáticos se presentan ahora con mayor frecuencia y severidad.
Además, se registró la interrupción de la carretera que conecta Arequipa con Moquegua, producto de deslizamientos terrestres ocurridos hace un mes. Esta interrupción también obligó a la aseguradora a desembolsar indemnizaciones. El ejecutivo citó como referencias el ciclón Yaku de 2023 y el FEN de 2017, ambos eventos que dejaron huellas profundas en el territorio nacional. El Comité Multisectorial que estudia el Fenómeno El Niño (ENFEN) ha ampliado el área vulnerable, pasando de la costa norte a incluir también la costa central. Ahora, las precipitaciones se anticipan a partir de octubre, en lugar de noviembre, y podrían generar crecidas de ríos que superen los niveles históricos del verano.
El ENFEN también reportó que el caudal del río Tumbes aumentó significativamente debido al FEN, alcanzando en dos o tres días un volumen que se triplicó respecto a sus niveles normales. Este escalado en el caudal representa una amenaza directa para infraestructuras fluviales y urbanas, especialmente en zonas costeras y de relieve montañoso. Las compañías aseguradoras han reconocido que estos escenarios no son aislados, sino parte de una tendencia más amplia de volatilidad climática.
Para los peruanos, este panorama implica una necesidad urgente de revisar el valor asegurable de sus pólizas. Muchos seguros actuales están diseñados para cubrir eventos de naturaleza específica, como el FEN, pero no están estructurados para responder a fenómenos más amplios o de carácter inesperado. La creciente frecuencia de eventos extremos, como lluvias intensas o deslizamientos, exige una protección más robusta y adaptada. No se trata solo de proteger viviendas, sino también de garantizar la continuidad de servicios básicos, como el transporte o el acceso a comunidades. En un país donde los impactos naturales afectan a múltiples regiones, una evaluación cuidadosa de la cobertura asegurada puede convertirse en una estrategia clave para la estabilidad personal y familiar.
