Según Gestión, el crecimiento de la demanda global por minerales críticos ha sido acelerado por eventos como la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania, que han desestabilizado cadenas de suministro clave como las de tierras raras, litio, cobalto y cobre. Estos materiales, aunque menos conocidos en el público general, son esenciales para el desarrollo de tecnologías limpias, vehículos eléctricos, robótica, inteligencia artificial y redes de computación de gran escala. Su uso se ha vuelto indispensable en la transición hacia economías más sostenibles y digitales.
La Universidad Colorado School of Mines, a través de sus expertas Alicia Polo y La Borda, destaca que el Perú no solo posee reservas amplias de estos minerales, sino que ya los produce en su estructura de minería actual. Muchos de estos recursos se extraen como subproductos en las operaciones de cobre y zinc, como el bismuto, arsénico, galio, manganeso, cadmio, magnesio y molibdeno. Este enfoque permite aprovechar eficientemente los procesos de extracción existentes, generando valor adicional sin necesidad de nuevas inversiones en explotación directa.
En el país, cinco empresas ya producen bismuto: Nexa Resources, Norcobre, Minera Lincuna y Sociedad Minera Andereal. Además, otras 17 compañías extraen minerales críticos, según cifras oficiales del Ministerio de Energía y Minas (Minem). Este panorama demuestra que el Perú ya opera en sectores clave de la economía global, aunque su participación aún no se refleja plenamente en las políticas de inversión o en los mercados internacionales.
Para los inversionistas y empresarios peruanos, este contexto señala una ventaja estratégica: el país cuenta con una base productiva real, no solo potencial. Los minerales críticos no son meros subproductos, sino activos con demanda creciente, especialmente en mercados que definen el futuro de la tecnología y la energía. Aunque el sector aún enfrenta desafíos como la regulación de concesiones y la integración de cadenas de suministro, el potencial de crecimiento en estas áreas es significativo.
Para el lector peruano, esto implica que las decisiones actuales en minería no solo afectan a las exportaciones tradicionales como el cobre, sino que también definen el futuro de tecnologías emergentes. El país tiene la capacidad de posicionarse como proveedor clave de materiales esenciales para la inteligencia artificial y los sistemas energéticos sostenibles. Si se fortalece el enfoque en la producción de minerales críticos, el Perú podría convertirse en un actor central en la economía global del siglo XXI, no solo como exportador, sino como innovador en la forma en que se gestionan los recursos naturales.
