Según Forbes Business, en julio de 2024, fuerzas ucranianas difundieron un video que muestra un ataque amphibio en territorio ocupado. Un barco no tripulado amarra en la costa y despliega una rampa para depositar un vehículo terrestre autónomo, que avanza hacia la costa y es operado desde lejos con un cañón remoto. Este evento representa el primer caso conocido en el mundo de un operativo militar completo ejecutado por una plataforma marítima sin tripulantes, que entrega un vehículo terrestre no tripulado a una costa enemiga y lo emplea en una misión de combate. La declaración oficial de la 123ª Brigada de Defensa Territorial Independiente detalla que este es un paso histórico en el desarrollo de las tecnologías de guerra: la primera vez que un vehículo terrestre no tripulado es llevado a tierra enemiga mediante una plataforma marítima no tripulada, y se utiliza directamente para acciones bélicas.
El conflicto en la península de Kinburn, ubicada en el mar Negro, es un caso emblemático de la importancia estratégica de zonas naturales y geográficas. La península mide 25 millas de longitud y 6 millas de ancho, con una punta que se reduce a solo 100 yardas. Forma parte de la Reserva Biológica del Mar Negro y alberga bosques de pino y roble. Su relevancia militar radica en que domina el acceso al estuario del Dnipro–Bug, que conecta con los puertos de Mykolaiv y Kherson. Desde junio de 2022, las fuerzas rusas han mantenido una presencia fuerte en el área, convirtiéndola en un bastión clave para lanzar ataques aéreos y artilleros sobre zonas vecinas. Aunque ha sido objeto de múltiples ataques aéreos y operaciones por agua, hasta agosto de 2024 se registró una incursión de fuerzas especiales ucranianas que llegaron en embarcación, atacaron posiciones fortificadas como la Fuerza de Kinburn, destruyeron vehículos y levantaron la bandera antes de retirarse. Desde entonces, el frente ha estado dominado por una guerra de drones, con intercambios constantes de ataques de baja intensidad. En abril de 2025, se produjo otra operación similar, que concluyó con el levantamiento de la bandera ucraniana.
Para el lector peruano, este escenario es un recordatorio claro de cómo las tecnologías de inteligencia artificial y automatización están transformando la conducta militar. Aunque el Perú no enfrenta conflictos de este tipo, el desarrollo de capacidades tecnológicas en defensa, transporte y logística puede ser clave para futuras situaciones de seguridad nacional. Los ejemplos ucranianos demuestran que incluso sistemas simples, como vehículos autónomos o plataformas sin tripulantes, pueden tener un impacto significativo en la estrategia de guerra. Así, el avance en tecnología no es solo una cuestión de potencias occidentales, sino un campo donde los países que invierten en innovación defensiva pueden ganar ventaja en la capacidad de reacción y resiliencia frente a amenazas.
