Segun Gestión, Perú y Guatemala han concluido el proceso de ratificación de su Tratado de Libre Comercio (TLC) y su protocolo, marcando un avance clave para la implementación oficial del acuerdo bilateral. Este paso legal establece un marco jurídico actualizado y previsible, que busca fortalecer la confianza entre operadores económicos y potenciar el intercambio comercial. El ministro de Comercio Exterior y Turismo, José Reyes, destacó que la entrada en vigor de estos instrumentos permitirá una mayor estabilidad en las relaciones comerciales, fomentando inversiones y ampliando el acceso de empresas al mercado internacional. A través de un decreto supremo que se emitirá próximamente, el Mincetur dará inicio a la ejecución oficial del TLC, lo que implicará la eliminación de barreras arancelarias, la definición de reglas claras y la creación de condiciones de seguridad jurídica mutua entre ambas naciones.
Los datos de 2025 revelan que el comercio entre Perú y Guatemala alcanzó los 206 millones de dólares, posicionando a Guatemala como el tercer socio de Centroamérica en este indicador, tras Panamá y Costa Rica. Las exportaciones peruanas a Guatemala se concentraron en productos como uvas, mandarinas, productos químicos y farmacéuticos, láminas y tiras de plástico, zinc y lubricantes. Por su parte, el mercado peruano recibió principalmente azúcar procedente de Guatemala. Esta dinámica evidencia una relación comercial diversificada, donde cada país aporta productos clave que encajan en las necesidades del otro.
Para el lector peruano, este desarrollo tiene relevancia directa. A nivel nacional, el fortalecimiento de acuerdos comerciales con países de Centroamérica puede abrir nuevas vías para exportar productos agroindustriales, especialmente en sectores como la fruticultura y la química. Además, el crecimiento del comercio con Guatemala puede beneficiar a las PYMEs que ya operan en este eje, ya que el acceso a mercados extranjeros se vuelve más sencillo y predecible. La estabilidad jurídica ofrecida por el TLC también reduce el riesgo de fluctuaciones en las relaciones comerciales, lo que puede influir positivamente en la confianza de inversiones y en el desarrollo de cadenas de suministro más resilientes. En un contexto donde el sector privado enfrenta incertidumbres, este acuerdo puede convertirse en un pilar clave para la expansión sostenible de la economía peruana.
