Según Gestión, el fenómeno de El Niño pone en evidencia una debilidad crítica en el sistema de abastecimiento de agua en Perú, especialmente en Lima. El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) advirtió que las infraestructuras actuales no están diseñadas para resistir condiciones climáticas extremas, como las registradas durante el evento de El Niño. Max Carvajal, director general de Políticas y Regulación en Construcción y Saneamiento, explicó que el río Rímac, clave para el suministro hídrico, podría llegar con una turbidez tan alta que la planta de Atarjea de Sedapal deba cerrar su captación. En este escenario, el sistema carece de pozos de respaldo suficientes para mantener el servicio a toda la ciudad.
La falta de capacidad de respuesta no se limita a la instalación de nuevas tuberías o plantas. Se requiere una estrategia integral que incluya reservas hidráulicas, plantas redundantes y mecanismos de gestión proactiva. Carvajal enfatizó que el desarrollo de estas soluciones podría enfrentar obstáculos dentro del sistema actual de inversión. Por ejemplo, si se construye una planta de respaldo, los datos de inversión podrían indicar que ya se ha cerrado la brecha de acceso al agua en una zona, lo que llevaría a rechazar el proyecto. Sin embargo, ese tipo de infraestructura no busca cerrar brechas, sino prevenir su ocurrencia ante eventos climáticos.
El enfoque debe trasladarse de una evaluación de si se cubre la demanda actual, hacia una visión de confiabilidad del servicio. Esto implica considerar la seguridad hídrica y la gestión de riesgos de desastres como elementos centrales de la política de saneamiento. La Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), a través de Mauro Gutiérrez, destacó que el país debe planificar con anticipación las inversiones necesarias para enfrentar eventos climáticos. Sin un marco de inversión que priorice la resiliencia, los sistemas seguirán siendo vulnerables.
Para los peruanos, especialmente en zonas costeras y urbanas, este escenario representa un riesgo real. La dependencia de ríos como el Rímac y la escasa capacidad de respaldo hacen que una sequía o un evento climático pueda provocar interrupciones en el suministro. Los ciudadanos, en muchos casos, no tienen alternativas claras ni sistemas de alerta que les permitan anticipar estos cambios. Por eso, es vital que las autoridades no solo respondan a emergencias, sino que diseñen infraestructuras que funcionen incluso bajo condiciones extremas. La inversión en sistemas de respaldo no es un gasto innecesario, sino una estrategia de protección social y económica que todos los sectores deben considerar.
