Segun Gestión, un estudio de Impronta Research revela que en Perú, las bebidas RTD (ready to drink) están consolidándose como una categoría en ascenso dentro del sector alcohólico, impulsada por la preferencia por productos prácticos y de consumo inmediato. Este cambio de hábito se observa especialmente entre jóvenes y mujeres, quienes muestran una mayor disposición a probar estas bebidas. En el análisis, la cerveza se posiciona como el producto más consumido, con una frecuencia de uso del 60%, seguido por las bebidas RTD (16%), el ron (6%) y el pisco. Aunque el consumo de RTD ha crecido, aún no ha logrado igualar la profundidad de adopción que tienen las cervezas, que mantienen una tradición arraigada en el consumo diario.
La novedad del formato RTD juega un papel clave: casi la mitad de sus usuarios son nuevos en el segmento, y están en proceso de establecer hábitos de consumo. Este fenómeno se manifiesta de forma diferenciada por región y perfil socioeconómico. En Lima y el norte del país, especialmente entre personas de niveles A y B de ingresos, entre 26 y 45 años, el consumo de RTD es más frecuente. En contraste, en zonas centrales y orientales, el acceso y la frecuencia de consumo son significativamente menores. Las razones varían: en estas regiones, los niveles de ingresos son más bajos, la distribución de productos es menos desarrollada y la oferta sigue concentrada en canales modernos como supermercados y tiendas de conveniencia. En este contexto, el formato unitario y la presencia de bodegas se convierten en factores clave para ampliar el acceso a este tipo de bebidas.
Para los consumidores peruanos, este escenario implica una dinámica de diversificación en el consumo alcohólico. Mientras que la cerveza permanece como el eje central del hábito, las bebidas RTD representan una alternativa atractiva, especialmente para quienes buscan opciones más rápidas y fáciles de integrar en su rutina diaria. Sin embargo, la brecha regional y de ingresos sugiere que el crecimiento no es uniforme. En ciudades del centro y sur, donde los niveles de consumo aún son bajos, podría existir una oportunidad para fortalecer la presencia de estas bebidas mediante estrategias de distribución más cercanas y productos más accesibles. La clave está en adaptar el modelo de comercialización al entorno local, evitando fórmulas que solo funcionen en centros urbanos de alta densidad. Así, los peruanos de zonas menos desarrolladas podrían convertirse en nuevos actores del mercado si se les brindan soluciones que prioricen la accesibilidad y la cercanía.
