Según Gestión, en mayo de 2025 el precio internacional del cobre alcanzó su punto más alto histórico: US$ 6.11 por libra. Esta cifra, impulsada por escasez global y crecientes demandas en la transición energética, refleja una alta volatilidad en el mercado. Aunque Perú cuenta con casi el 12% de las reservas mundiales de cobre, según datos del XVI Simposio Internacional de Minería en Lima, el avance en cotizaciones no ha sido suficiente para acelerar la implementación de nuevos proyectos mineros. En el primer trimestre de 2025, la extracción de cobre en el país alcanzó 688.214 toneladas métricas finas, un crecimiento del 3,3% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este dato señala un rendimiento estable, pero no resuelve el retraso en la expansión de la cartera de proyectos pendientes.
Mientras el cobre se fortalece, el oro muestra una tendencia contraria. En el primer trimestre de 2025, la producción de oro alcanzó 24,7 millones de gramos finos, una reducción del 3,4% frente al trimestre anterior. Este descenso se mantiene en línea con una caída del 0,7% en 2024, aunque en 2025 se registró un incremento del 1,2%. Sin embargo, en 2026 los resultados se sitúan en "rojo", indicando una posible disminución en la actividad formal. Un dato más preocupante es que, en los últimos dos años, los volúmenes exportados de oro han sido prácticamente el doble de los producidos por empresas formales. Esto implica que la bonanza en el precio del oro —que alcanzó US$ 4.602 por onza troy al 26 de mayo y finalizó el año en US$ 4.786 por onza troy— ha sido más aprovechada por la minería informal y ilegal que por el sector regulado. Este fenómeno evidencia una brecha entre la producción formal y la realidad del mercado.
Para el lector peruano, este panorama plantea una serie de reflexiones. Aunque el cobre sigue siendo el principal producto exportado, su crecimiento en precios no garantiza un desarrollo sostenido de nuevas inversiones mineras. La dependencia del mercado internacional y la falta de avances en nuevos proyectos pueden limitar el crecimiento económico a largo plazo. Además, el desplazamiento del oro por el sector informal no solo afecta a la recaudación fiscal, sino que pone en riesgo la regulación, la seguridad laboral y la sostenibilidad ambiental. Es clave que el sector formal, especialmente las empresas que operan bajo normas de cumplimiento, aproveche las condiciones actuales para modernizarse y aumentar su participación en el mercado. De lo contrario, el potencial de las reservas mineras seguirá sin convertirse en un motor de crecimiento real para la economía nacional.
