Según Gestión, Canadá ha impulsado en menos de un año su presencia comercial en Perú, destacando dos acuerdos clave: uno con el Ministerio de Energía y Minas (Minem) sobre minerales críticos, y otro con ProInversión centrado en Asociaciones Público-Privadas (APP). Estas iniciativas buscan acelerar el flujo de inversiones y optimizar el entorno regulatorio para sectores estratégicos. El embajador Jean-Dominique Ieraci, que apenas ha cumplido un año en el país, resaltó que las operaciones comerciales canadienses en Perú han alcanzado 7.700 millones de dólares en 2024, un récord registrado en el año. Este volumen sitúa al Perú como el tercer destino más importante de inversión directa canadiense en América del Sur, tras Brasil y Chile.
El monto total de inversión canadiense en el país se sitúa en 15.600 millones de dólares, cifra que refleja una expansión siete veces mayor en comparación con 2007. Sin embargo, este crecimiento no es lineal, ya que el dato no incluye a instituciones como Scotiabank, cuyos fondos provienen de capitales canadienses. En el ámbito de la minería, las empresas nacionales han señalado que los trámites administrativos han sido lentos en los últimos años, afectando el avance de sus proyectos. Aunque el gasto público en infraestructura ha disminuido, se mantiene una expectativa de recuperación, especialmente en sectores clave como la extracción de minerales críticos, esenciales para la transición energética global.
Desde la perspectiva de Canadá, el enfoque comercial se centra en fortalecer la relación económica con el Perú, integrándose en una alianza más amplia con otros países. Se menciona que, mediante diplomacia económica, el país ve en el Perú una oportunidad para mantener un comercio activo y sostenido frente a cambios globales. La firma de un memorándum con Minem sobre minerales críticos representa una evolución clave, ya que el Perú anteriormente estableció un pacto similar con Estados Unidos, mostrando una estrategia de diversificación de aliados. Este enfoque no solo refuerza la posición de Perú en la cadena global de suministros, sino que también permite al país posicionarse como actor clave en la gestión de recursos estratégicos.
Para los inversores peruanos, este desarrollo evidencia una apertura real hacia modelos de cooperación más integrados. Si bien los trámites aún presentan desafíos, el crecimiento de la inversión canadiense y la voluntad de profundizar en sectores clave como la minería sugieren que el entorno está evolucionando. En un contexto donde la demanda de minerales para tecnologías limpias aumenta, Perú puede convertirse en un nodo esencial, no solo para su economía, sino para el equilibrio de suministros globales. Los peruanos, al ser parte de este escenario, deben estar atentos a cómo las políticas públicas y las alianzas internacionales moldean la viabilidad de sus proyectos industriales.
