Según Gestión, el 40% de los peruanos que sufren enfermedades optan por farmacias privadas en lugar de hospitales del Ministerio de Salud, lo que incrementa el costo familiar a pesar de un aumento del presupuesto público en salud. Este dato, extraído de un informe de Videnza Consultores, evidencia una profunda desconfianza en la capacidad del sistema público para ofrecer atención efectiva, especialmente para condiciones crónicas.
La crisis en el sistema de salud peruano no se resuelve solo con más dinero. Los expertos coinciden en que se requiere un cambio estructural, pero las propuestas de los partidos lideran caminos distintos. Juntos por el Perú plantea iniciar un diagnóstico urgente del estado actual de la salud nacional, declarando una emergencia para garantizar el abastecimiento de medicamentos. Este paso, según Mery Luz Pillaca, permitiría atender de forma clínica y equitativa las necesidades del país. Además, se enfatiza la necesidad de capacitar al personal sanitario para que realicen una programación de medicamentos más rigurosa, considerando factores como la inflación, crisis económicas y brotes epidémicos. Actualmente, el proceso se lleva a cabo sin estos ajustes, generando desequilibrios en la disponibilidad.
Como medida inmediata, se proponen 5 millones de soles adicionales para financiar el primer nivel de atención. Esta cifra busca cubrir las necesidades básicas de compra de medicamentos en los centros más cercanos a la población. A largo plazo, el plan busca refundar el modelo de salud, redefiniendo su operación desde la gestión hasta la distribución, con enfoque en eficiencia y equidad.
Para los peruanos, este escenario es especialmente relevante. La mayoría de las personas dependen de servicios cercanos, como farmacias o centros comunitarios, para acceder a tratamientos. La falta de confianza en los hospitales públicos, y el alto costo de medicamentos en el mercado privado, generan una brecha que afecta directamente a familias de bajos ingresos. Si bien el aumento del presupuesto no ha sido suficiente, la implementación de un diagnóstico urgente y un enfoque científico en la gestión de medicamentos podría transformar la experiencia de quienes buscan atención sanitaria. La clave está en que las soluciones no solo se midan en cifras, sino en la capacidad de las personas de acceder a tratamientos sin sacrificar su estabilidad económica.
