Según Gestión, el sector turístico peruano atraviesa una transformación profunda en su modelo de negocio, impulsada por cambios en el comportamiento de los turistas nacionales. En el informe “Perfil de vacacionista nacional 2025” de Promperú, se evidencia que el 90% de los peruanos contrata servicios de transporte, alojamiento y otras actividades de forma independiente, mientras que solo el 10% opta por paquetes turísticos completos desde su ciudad de origen. Este despliegue de autonomía en la organización de los viajes refleja una creciente preferencia por adaptar cada etapa del itinerario a su presupuesto, tiempo disponible y gustos particulares.
Los datos revelan que, a pesar de que en 2025 se registraron 46,3 millones de viajes internos —equivalente al 95% del nivel prepandemia—, el valor económico generado por estos desplazamientos alcanzó US$ 7.045 millones, lo que representa un incremento del 125% respecto al año 2019. Esto indica que, aunque el número de viajes ha disminuido, la profundidad y calidad de cada trayecto han aumentado. La motivación principal para emprender un viaje sigue siendo el ahorro: 40% de los encuestados señala que las promociones y descuentos son clave para decidir viajar. Sin embargo, una vez que el deseo se convierte en acción, surge la necesidad de transacciones claras, seguras y personalizadas.
Promperú destaca que el turista peruano actual no solo elige entre opciones predefinidas, sino que combina múltiples actividades en una sola salida. La gastronomía y la cultura son las más apreciadas, con participación del 88%, seguidas por la naturaleza (74%), las compras (68%) y el entretenimiento (63%). Esta diversificación muestra que los viajeros no buscan solo destinos, sino experiencias con propósito y significado. Además, el acceso a canales digitales ha permitido que los peruanos evalúen opciones en tiempo real, comparando precios, calificaciones y servicios sin necesidad de intermediarios.
Para los lectores peruanos, esta evolución implica una reconfiguración del consumo turístico. Ya no basta con elegir un destino conocido; se requiere una capacidad de investigación, planificación y toma de decisiones. El viaje se vuelve una construcción personal, en la que cada detalle —el precio, el horario, el tipo de alojamiento— debe alinearse con las necesidades individuales. Así, el valor real no está en la cantidad de destinos visitados, sino en la calidad de la experiencia que cada uno construye. En un contexto donde el ahorro y la autogestión son prioridades, el turismo interno se transforma en una herramienta de bienestar, no solo de entretenimiento.
