Segun Gestión, el Banco Central de Reserva de Perú (BCP) mantiene su proyección de crecimiento del Producto Bruto Interno en 3.2% para 2026, a pesar de dos perturbaciones significativas: el impacto del El Niño en sectores primarios como la agricultura y la pesca, y el aumento de los precios del petróleo derivado del conflicto en Medio Oriente. El informe trimestral macroeconómico del BCP detalla que, aunque los sectores agropecuarios han registrado una caída más pronunciada que en 2023 —año en que El Niño alcanzó su intensidad de fuerte y provocó una contracción del PBI de 0.4%, su peor resultado desde 1998—, esta disminución no afecta la proyección general. La entidad explica que el deterioro en los sectores primarios será compensado por un fortalecimiento en las actividades no primarias, que generan mayor valor agregado. En este escenario, la demanda interna avanza más del 5%, mientras la inversión privada crece a tasas superiores al 10% en dos años consecutivos. El banco estimó que, sin los choques mencionados, el crecimiento habría alcanzado alrededor de 4%.
La demanda interna emerge como el principal impulso del sistema económico peruano. Esta fuerza se alimenta de cuatro factores clave: la maduración del ciclo económico, que ha permitido una mejor alineación entre producción y consumo; los precios de exportación que han alcanzado niveles históricos, impulsados por condiciones internacionales favorables; un aumento en la disponibilidad de crédito, que responde a la elevación de la demanda agregada; y un entorno de expectativas económicas más optimista. Este panorama sugiere que el consumo local y las decisiones de inversión privada están actuando como estabilizadores frente a las presiones externas. Además, el BCP reconoce que las condiciones climáticas, especialmente el El Niño, podrían persistir hasta el verano de 2027, lo que exige una vigilancia continua en los sectores sensibles al clima.
Para los peruanos, este escenario representa una oportunidad estratégica. Aunque la agricultura y la pesca enfrentan desafíos por condiciones climáticas extremas, el crecimiento sostenido de la demanda interna y la inversión privada indica que el país puede mantener su dinamismo económico sin depender exclusivamente de sectores expuestos a volatilidad. Las familias, empresas y gobiernos deben aprovechar esta fase de confianza para fortalecer el consumo, fomentar el desarrollo de industrias de alto valor agregado y diversificar las cadenas productivas. Así, incluso en medio de desafíos climáticos y de mercado, el crecimiento del PBI no solo persiste, sino que se estructura en torno a una economía más resiliente y menos dependiente de factores externos.
