Según Gestión, el cacao lidera una serie de iniciativas agrícolas que protegen el suelo en Perú, un sector clave en el esfuerzo por fortalecer la resiliencia ambiental del país. Esta estrategia se inscribe en un escenario crítico: más de dos tercios de la población peruana reside en la costa, región donde se concentra entre el 1,7% y el 2% del agua nacional. Esta zona, por su ubicación geográfica y clima, enfrenta exposición constante a sequías, salvo en periodos de El Niño, especialmente en la costa norte. La escasez hídrica no solo afecta a la calidad de vida, sino que impacta directamente la viabilidad de las actividades económicas.
Fernando Momiy, director de Invierte en Ecosistemas de Forest Trends Perú, con apoyo del Gobierno de Canadá, destacó que un desarrollo sostenible no puede ignorar el acceso a recursos hídricos. “No existe actividad económica viable sin agua”, afirmó. El 70% del Producto Bruto Interno del Perú se genera en la costa, un área que prácticamente se considera un desierto. Lima, por su parte, representa casi un 50% del PBI nacional. Este dato subraya la urgencia de implementar soluciones basadas en la naturaleza (SbN), que integran la protección del entorno con el crecimiento económico.
Para los próximos cuatro años, se cuenta con un fondo de US$ 8 millones, proveniente de la cooperación canadiense. Este recurso no se destinará directamente a proyectos, sino que actuará como catalizador. Su objetivo es impulsar a entidades como el gobierno nacional, gobiernos regionales, autoridades locales, la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) y empresas prestadoras de servicios de saneamiento (EPS), para que inviertan sus propios presupuestos en infraestructura hídrica. El enfoque no es financiar proyectos aislados, sino potenciar el impulso interno de las instituciones. Así, se busca movilizar un total de US$ 40 millones en inversiones en SbN para 2030.
Actualmente, se encuentra en el primer año de ejecución del programa Invierte en Ecosistemas. Este periodo se caracteriza por la firma de convenios con actores clave y por el inicio de trabajos técnicos que evalúan las necesidades reales de cada región. La iniciativa busca no solo proteger fuentes hídricas, sino también crear un modelo de inversión que equilibre desarrollo y conservación.
Para el lector peruano, este escenario es una alerta clara: el acceso al agua no es un lujo, sino una condición esencial para el crecimiento económico y social. En una región donde más del 70% del PBI se genera, la escasez hídrica representa un riesgo estructural. Los proyectos de inversión en ecosistemas no solo son ambientalmente necesarios, sino que también pueden convertirse en motores de desarrollo local, especialmente en comunidades costeras que enfrentan vulnerabilidades climáticas constantes. La clave está en que el país no dependa de subsidios externos, sino en fortalecer sus propios mecanismos de gestión y financiamiento.
