Segun Gestión, una nueva propuesta legislativa busca reorganizar la oferta turística en Perú mediante el establecimiento de boletos turísticos que integren múltiples atractivos culturales. La Ley N° 32586, conocida como Ley del Boleto Turístico, plantea un marco para vincular monumentos arqueológicos, museos y sitios históricos tanto públicos como privados, siempre que estos se incorporen voluntariamente a un sistema de circulación turística mediante acuerdos formales. El régimen contempla tres tipos de boletos: el uso integral, que permite el acceso completo a todos los bienes en una ruta o corredor; el uso parcial, que cubre dos o más atractivos sin extenderse a la ruta completa; y la opción de acceso individual, que mantiene el derecho de vender entradas por monumento aislado.
Aunque el modelo busca fomentar la descentralización del turismo, se exigen excepciones específicas. El Parque Arqueológico de Machupicchu y la Red de Caminos Inca conservan sus normativas particulares de acceso, lo que indica una protección institucional frente a cambios en el manejo de estos espacios. El análisis de Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, señala que la integración de entradas no implica automáticamente la creación de destinos turísticos funcionales. Para que un circuito tenga impacto, se requiere una red sólida de conectividad, infraestructura logística, servicios de apoyo, información clara, seguridad y promoción efectiva. El boleto turístico actúa como herramienta de organización, pero no por sí solo genera un producto competitivo en el mercado.
Este enfoque presenta una oportunidad significativa para el turismo peruano, especialmente en contextos donde los destinos históricos se encuentran dispersos. Si bien el modelo permite un mayor control sobre la oferta y una mayor permanencia de visitantes en zonas fuera de Cusco, su éxito dependerá en gran medida de la capacidad de los municipios y operadores turísticos para desarrollar servicios complementarios. Para los turistas peruanos, este sistema podría abrir nuevas posibilidades de explorar regiones como Ayacucho, Puno o Arequipa sin necesidad de múltiples compras individuales. Sin embargo, la experiencia final dependerá de la calidad de la infraestructura y la atención que se brinde en cada etapa del viaje.
El modelo no solo busca optimizar la gestión de atractivos, sino también fomentar una distribución más equilibrada de la demanda turística. En un país donde los destinos más conocidos concentran la mayoría de los visitantes, esta iniciativa podría reducir la sobrecarga en Cusco y potenciar el desarrollo de comunidades rurales y regiones menos visitadas. Para el peruano que viaja en busca de experiencias auténticas, el boleto turístico no es solo un medio de acceso, sino una puerta hacia un turismo más sostenible y distribuido.
