Según Gestión, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la economía peruana superará la de Chile en el ranking de Sudamérica para 2027. Este escenario se basa en estimaciones del informe World Economic Outlook, citado por el diario chileno La Tercera. El PBI peruano alcanzaría US$ 413,597 millones en ese año, superando los US$ 413,443 millones de Chile. La brecha se ampliaría en los siguientes años: en 2028, el PBI peruano se estimaría en US$ 435,000 millones, frente a US$ 430,400 millones de Chile, y en 2031, alcanzaría US$ 502,000 millones contra los US$ 486,500 millones del vecino.
El impulso se debe en parte a tasas de crecimiento más elevadas para el Perú. En 2026, el FMI anticipa un crecimiento del 3%, mientras que Chile se sitúa en 0.6%. En 2027, las proyecciones señalan 2.9% para el Perú y 2.6% para Chile. Esta diferencia se mantiene en 2028, con 3% frente a 2.3% y en 2031, con 3.2% contra 2.4%. Aunque en 2025 el PBI peruano se ubicó en US$ 342,000 millones, frente a los US$ 357,400 millones de Chile, la brecha se acelera con el tiempo. En 2026, el FMI prevé que Chile alcance US$ 402,200 millones y el Perú US$ 399,600 millones, mostrando un inicio de convergencia favorable para el primer país.
La perspectiva del FMI también indica que el Perú podría superar a Chile antes de 2027, según análisis del medio chileno La Tercera, que señala una caída previa en la economía chilena. Aunque el tamaño de ambos mercados sigue siendo cercano, la trayectoria de crecimiento peruano revela una dinámica más robusta. Este panorama debe ser considerado no solo como una cifra, sino como un indicador de viabilidad para inversiones y políticas públicas.
Para el lector peruano, estas proyecciones refuerzan la importancia de mantener estabilidad macroeconómica y fortalecer sectores clave como la minería, la industria y el comercio internacional. Aunque el crecimiento se ve influenciado por factores externos, como el posible impacto de El Niño en 2027, el potencial de expansión sugiere que el Perú tiene condiciones para posicionarse como uno de los principales motores de desarrollo regional. La confianza en el crecimiento sostenido no solo beneficia a las empresas, sino que también puede generar mayor estabilidad en empleo y precios. Así, los inversores y los ciudadanos deben seguir atentos a las políticas públicas que impulsen esta tendencia, especialmente en contextos de volatilidad climática o de mercado.
