Según Gestión, el Perú se posiciona como uno de los mayores consumidores de pollo en el mundo, con un consumo per cápita de 55 kilos anuales por habitante, equivalente a aproximadamente 1.9 millones de toneladas al año. Este nivel de demanda ha generado una transformación notable en los canales de distribución, especialmente en el sector moderno. En los supermercados, el crecimiento del consumo de pollo entre enero y agosto de 2026 alcanzó un 27%, superando ampliamente el promedio del mercado que se mantiene en 6.8%. Este desempeño es particularmente notable en la categoría de pollo trozado, que experimentó un aumento del 36% en el mismo periodo, mientras que el pollo entero registró un crecimiento del 21%.
Los datos, obtenidos mediante mediciones de la empresa Lock en conjunto con San Fernando, revelan una dinámica clara: el crecimiento en trozados no solo supera al promedio del sector, sino que lo excede en más de cinco veces. Esta tendencia indica una fuerte movilización de los hábitos alimenticios, donde las familias prefieren productos más accesibles, fáciles de preparar y adaptados a rutinas cotidianas. El canal moderno, en este contexto, no solo refleja demandas, sino que también responde a ellas, redefiniendo los productos y formatos para integrarse en los hábitos de compra diarios.
Para los consumidores peruanos, este escenario implica una transformación en el acceso y en la forma en que se adquieren alimentos. El crecimiento acelerado en supermercados sugiere que el pollo ya no se consume únicamente como opción tradicional, sino como parte de una estrategia de alimentación más práctica y diversificada. Las familias que buscan opciones rápidas, económicas y sencillas encuentran en el pollo trozado una alternativa que combina calidad y conveniencia. Este cambio también afecta a los precios y a la disponibilidad, ya que las empresas avícolas deben ajustar sus cadenas logísticas para garantizar la oferta constante.
El contexto peruano, marcado por una demanda creciente por alimentos de fácil manejo y bajo costo, permite que este fenómeno se profundice aún más. A medida que las familias priorizan eficiencia en el tiempo y en el presupuesto, el pollo trozado se convierte en una opción estratégica. No solo representa un producto, sino un indicador de cómo los peruanos están redefiniendo sus hábitos alimenticios en un entorno de escasez de tiempo y recursos. La industria debe responder con innovación, no solo en producto, sino en logística y comunicación, para mantener esta tendencia sostenida.
