Segun Gestión, una investigación de EY sobre los desafíos empresariales en América Latina para 2026 revela que casi 30% de las empresas peruanas planean reducir sus costos laborales en lo que queda del año. El estudio, que incluye a 1.988 líderes ejecutivos de distintos sectores, evidencia que en el Perú participaron 128 directivos. En este escenario, el principal obstáculo identificado para los próximos tres años es la llegada de nuevos competidores, tanto internacionales como locales, que fue señalada por un 38% de los encuestados. Esta preocupación supera a la incertidumbre política local, que fue mencionada por el 36%, y a los cambios en los hábitos de consumo de los clientes, registrados en un 32%.
La evolución en el orden de prioridades refleja una transformación clave en la percepción del entorno empresarial. En la versión anterior del análisis, la incertidumbre política ocupaba el primer lugar, mientras que la entrada de nuevos actores en el mercado se posicionaba en segundo. Este cambio indica que las empresas ya no ven la estabilidad política como la principal amenaza, sino que priorizan la competencia. En un contexto donde el Perú atrae inversiones extranjeras por su crecimiento regional, la presencia de nuevos actores en sectores clave, como el financiero o la tecnología, adquiere un peso estratégico.
En el sector bancario, por ejemplo, la expansión no se mide únicamente por la apertura de nuevos locales, sino por la adopción de plataformas digitales que reducen la necesidad de presencia física. Las billeteras digitales, en particular, han comenzado a desplazar modelos tradicionales, afectando la rentabilidad de los bancos convencionales. En el sector tecnológico, tanto en servicios como en productos, la entrada de nuevas firmas se ha consolidado como la amenaza más inminente. Esto implica que la innovación no solo es un motor de crecimiento, sino una herramienta de presión competitiva directa.
Para los empresarios peruanos, este panorama exige una reevaluación profunda de sus modelos de negocio. No basta con mantener estructuras históricas; es necesario adaptar procesos, digitalizar operaciones y reforzar diferenciadores que no dependan únicamente de la presencia física o de la marca tradicional. En un mercado globalizado, donde el acceso a tecnología y datos es cada vez más fácil, la resistencia a la transformación puede convertirse en una ventaja operativa. Los líderes deben anticipar no solo quiénes entrarán al mercado, sino cómo esos nuevos actores redefinirán las expectativas de los consumidores.
Este desafío no es solo técnico: implica una reconfiguración de estrategias, culturas internas y relaciones con clientes. Para el empresario peruano, el futuro no está en resistir el cambio, sino en liderarlo con agilidad, visión y capacidad de innovación.
