Según Gestión, el Perú ha incrementado su inversión en ciberseguridad por encima de la media regional y mundial, especialmente en dos frentes clave: la protección de infraestructuras digitales y la mitigación de riesgos asociados a la inteligencia artificial. A pesar de que la IA se posiciona como una herramienta transformadora, el panorama de ciberataques en el país ha mostrado una escalada notable. Un informe de ESET Latinoamérica, compartido con Gestión, revela que en los primeros nueve meses de 2026 se identificaron más de 1.700 familias de malware únicamente en el Perú. Esta cifra, aunque alta, no refleja plenamente el alcance de los incidentes, pues lo que realmente define el escenario son los patrones de distribución y los tipos dominantes de amenazas.
Los ataques más frecuentes se centran en scripts maliciosos y en campañas de phishing, especialmente aquellas que imitan servicios bancarios o entidades públicas. Este tipo de estrategias aprovecha la confianza del usuario, generando clics o ingresos de datos sin consentimiento. Además, se han observado señales de una reactivación de vulnerabilidades históricas en Microsoft Office. Aunque desde hace casi una década existen parches para estas fallas, en el periodo de abril a julio del 2026, su presencia en los ataques aumentó de un 1.3% a más del 17% en el contexto peruano. El especialista Rodrigo Álvarez de ESET Latinoamérica señala que, aunque la piratería de software podría contribuir, la causa principal radica en la rentabilidad que ofrecen estos exploits para los delincuentes.
Este panorama implica una brecha entre la disponibilidad de soluciones tecnológicas y la capacidad de sus usuarios para aplicarlas. Muchas de las herramientas maliciosas se distribuyen como servicios entre distintos grupos cibernéticos, lo que amplía el alcance y la complejidad de los ataques. La falta de actualización en software obsoleto, combinada con la escasa concienciación de pequeñas y medianas empresas (mype), agrava la exposición. En este contexto, las organizaciones deben evaluar no solo la presencia de antivirus, sino también la gestión de actualizaciones, el entrenamiento de personal y la verificación de fuentes digitales.
Para el lector peruano, este escenario evidencia que la protección digital no es un costo aislado, sino una necesidad estratégica. Las mypes, en particular, enfrentan un riesgo creciente por su menor capacidad técnica y por la ausencia de protocolos claros de seguridad. La inversión en ciberseguridad debe ser vista como una inversión en sostenibilidad, ya que cada ataque puede derivar en pérdidas económicas, interrupciones operativas o daño reputacional. En un entorno donde el ciberataque se vuelve más accesible y más frecuente, la preparación empieza en el día a día: desde el uso de software actualizado hasta la verificación de correos que prometen beneficios.
