Segun Gestión, el Índice de Envejecimiento del Perú alcanzó su nivel más elevado en la historia de los censos nacionales, con una variación de 21 adultos mayores desde 2017. Este indicador evidencia una transformación significativa en la estructura demográfica del país. Los resultados del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), presentados el viernes, muestran que la población total se acerca a los 34.2 millones, un incremento del 1.1% respecto al censo de 2017. Aunque el crecimiento poblacional es moderado, el cambio en la distribución por edades plantea retos para las políticas públicas. En 2025, la proporción de personas menores de 15 años cayó de 26.5% a 22.7%, mientras que los adultos mayores de 60 años aumentaron de 11.7% a 14.8%. Hoy, por cada 100 jóvenes menores de 15 años, hay 65 personas que superan los 60 años. Esta cifra marca un punto crítico en el balance entre fuerza de trabajo y dependencia.
La tendencia es más pronunciada en ciertas regiones del país. Puno, Moquegua y Lima Metropolitana registran índices de envejecimiento superiores al promedio nacional: 87.7%, 86.9% y 82.6% respectivamente. Ocho departamentos se encuentran por encima del umbral de 65.2, lo que indica una concentración de población avanzada en zonas que, en muchos casos, también presentan desafíos de infraestructura y servicios. En contraste, regiones como Ucayali, Loreto y Madre de Dios registran tasas más bajas, con 31.7%, 31.5% y 27.1% respectivamente, lo que sugiere una estructura demográfica más joven. Este contraste refleja una distribución desigual del desarrollo demográfico, con implicaciones en la equidad social y el acceso a servicios básicos.
Para el lector peruano, este panorama evidencia una transición que debe ser gestionada con atención. El “bono demográfico” —la situación en que la población activa supera a los niños y los adultos mayores— aún existe en el país, según el jefe del INEI, Gaspar Morán Flores. Sin embargo, este potencial económico ha sido dejado de lado. Si bien el crecimiento de la fuerza de trabajo podría impulsar el desarrollo, la ausencia de políticas que aprovechen esta ventaja puede obstaculizar el avance sostenible. En contextos donde el envejecimiento es más acusado, como las regiones andinas o costeras, el sistema de salud, pensiones y educación deberá adaptarse rápidamente. Los gastos públicos en servicios para adultos mayores y la preparación de nuevas generaciones de trabajadores serán claves para mantener el equilibrio económico. El perú no solo enfrenta una realidad demográfica, sino que debe transformarla en una estrategia de desarrollo.
