Según Gestión, en su informe "Perspectivas Económicas 2027: Las decisiones empiezan hoy", Alonso Razetto, socio y managing partner de McKinsey Company Perú, destaca que el crecimiento económico del país se encuentra en un umbral crítico: el 4% de expansión histórica se ha visto desplazado por una proyección de alrededor del 3% para este año, impulsada principalmente por el efecto del fenómeno El Niño. A pesar del potencial de expansión, el desempeño de los sectores clave no alcanza su máximo rendimiento. En este escenario, el análisis identifica cuatro pilares estratégicos: infraestructura, minería, agropecuario y turismo. Juntos, estos sectores generan el 37% del Producto Bruto Interno, pero su crecimiento actual se mantiene por debajo de sus capacidades reales.
En infraestructura, se ha registrado una inversión privada estimada en casi US$ 45.500 millones, aunque se encuentra en pausa debido a la acumulación de trámites administrativos. Esto evidencia una brecha entre el potencial existente y la capacidad de ejecución. En minería, el cobre, que representa el 31% de las exportaciones peruanas, sigue siendo el eje central de la cadena de valor, con proyecciones de demanda positivas en el corto y mediano plazo. La cartera de proyectos mineros, especialmente en minería de cobre, se sitúa en más de US$ 60.000 millones. El agropecuario también muestra un perfil competitivo: Perú lidera las exportaciones de uvas, arándanos y espárragos, y ocupa el segundo lugar en paltas. No obstante, el desempeño del país en términos de crecimiento anual no es un logro destacado si se compara con países de Europa o Asia. En relación con Irlanda, Turquía o ciertos estados asiáticos, Perú registra una brecha de entre dos y cuatro puntos porcentuales en tasa de crecimiento, lo que pone en evidencia una distancia significativa en términos de innovación y dinamismo productivo.
Para el lector peruano, esta información señala que el crecimiento económico no depende únicamente de las condiciones climáticas o del mercado internacional, sino de la capacidad institucional para convertir potencial en realidad. Los sectores clave no solo tienen un peso económico considerable, sino que también están expuestos a variaciones externas y a la eficiencia de las políticas públicas. El fracaso en la ejecución de inversiones, por ejemplo, puede derivar en una pérdida de competitividad a largo plazo. Por ello, las decisiones de gobierno deben centrarse en simplificar trámites, fortalecer el marco regulatorio y promover la innovación tecnológica en las cadenas productivas. La clave no está en aumentar la inversión en sí, sino en garantizar que se realice de forma ágil, transparente y alineada con las necesidades reales del mercado. Solo así, el país podrá superar el estancamiento y acercarse a niveles de crecimiento que reflejen su verdadera capacidad productiva.
