Segun Gestión, el crecimiento de importaciones de arroz en Perú en 2025 alcanzó niveles preocupantes, con el valor FOB de los ingresos en US$ 97,261.68 millones y el valor CIF en US$ 111,409.10 millones. Esta cifra refleja una diferencia clave que se debe a los costos de transporte y seguros incluidos en el CIF. El aumento de importaciones se ha consolidado en un contexto de contracción en la producción nacional: en 2023 se registró un incremento del 18.3%, pero en 2024 disminuyó un 6.6%, y en 2025, la reducción se mantuvo en un 4.8%. Dicha tendencia se intensifica durante los primeros meses del año, coincidiendo con la temporada de cosecha, lo que obliga al país a recurrir a mercados externos para cubrir la demanda.
La concentración de los proveedores también muestra una fuerte dependencia comercial. Uruguay lidera este escenario con un 38.56% del valor total importado, equivalente a US$ 128.2 millones en CIF. Brasil se coloca en segundo lugar con el 34.20%, representando US$ 113.7 millones en importaciones. Juntos, estos dos países dominan más del 72% de las compras de arroz en el país. El Ministerio de Agricultura ha confirmado públicamente que Uruguay y Brasil son los principales proveedores del mercado peruano. Este perfil evidencia una estructura de suministro que, aunque eficiente en términos de logística, reduce la capacidad del sector local para autogenerar su producción.
Para el agricultor peruano, el escenario actual representa una realidad difícil. Cada saco de arroz vendido no solo no cubre costos de fertilizantes, sino que tampoco permite saldar deudas con bancos. Los ingresos generados en el campo no alcanzan para mantener la viabilidad financiera de las fincas. Este desequilibrio se agudiza cuando se considera que el mercado interno enfrenta una disminución constante en la producción, mientras que el costo de importación se mantiene alto. La dependencia creciente de proveedores extranjeros, especialmente de países como Uruguay y Brasil, pone en riesgo la capacidad de respuesta del sector agropecuario ante fluctuaciones del mercado internacional.
Para el lector peruano, este panorama implica una realidad económica que va más allá de los números. Aunque el arroz es un alimento básico, su producción local se ve cada vez más afectada por condiciones climáticas, costos de insumos y la presión de precios globales. La dependencia de importaciones no solo influye en el presupuesto familiar, sino que también pone en juego la seguridad alimentaria nacional. En un contexto donde el agro es una de las principales fuentes de empleo rural, el crecimiento de las importaciones sin un respaldo de políticas de producción viables puede llevar a una pérdida de capacidad productiva y a una mayor vulnerabilidad ante shocks internacionales.
