Según Gestión, el crecimiento económico del Perú para 2026 y 2027 ha sido reajustado por El Niño, lo que refleja una presión creciente sobre el sector alimentario. En septiembre, el precio internacional del azúcar alcanzó US$ 845 por tonelada métrica, y en la primera semana de octubre subió a US$ 887. Este ascenso se replicó en el mercado local, donde el Índice de Precios al Consumidor en Lima Metropolitana registró un incremento del 5.50% para el rubro azúcar y presentaciones, con la azúcar rubia como el producto más afectado, al subir 16.19%. A escala nacional, el aumento fue de 15.22%, con la azúcar rubia elevándose un 15.90% y la blanca un 12.30%.
Los datos del Sistema de Información de Abastecimiento y Precios (SISAP), del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), muestran que en septiembre el kilogramo de azúcar rubia se vendía en promedio a S/ 3.94, mientras que la azúcar blanca alcanzaba S/ 4.31 en mercados minoristas, representando una diferencia de cerca de S/ 0.40 por kilogramo. En el segmento mayorista, un saco de 50 kilogramos de azúcar rubia pasó de costar S/ 129.88 a S/ 167, una variación del 28.6%. Este escalado sugiere que aún no todos los aumentos se han internalizado en el precio final que pagan los consumidores, pero indica una presión creciente en el sistema de distribución.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló en agosto que el precio del azúcar subió un 11.9% por factores como menores rendimientos en la Unión Europea, preocupaciones por el impacto de El Niño en Asia, una reducción en la producción brasileña y fluctuaciones en las importaciones de India. Aunque el Perú importa solo 272 mil toneladas de azúcar anualmente —complementando una producción nacional de 1.1 millones de toneladas—, su mercado no es aislado de las cotizaciones internacionales. Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, resalta que en mercados abiertos, los precios locales están influenciados directamente por las condiciones globales, lo que implica que cualquier variación en el exterior se traduce en el consumo local.
Para los peruanos, este escenario representa una realidad tangible: los precios de alimentos básicos, como la azúcar, pueden volatilizarse rápidamente ante condiciones climáticas o económicas externas. En un contexto donde más de un tercio de la población vive bajo el umbral de pobreza, este tipo de variaciones afecta directamente el presupuesto familiar. Aunque la producción nacional es significativa, la dependencia de mercados internacionales y la sensibilidad de los precios hacen que los hogares tengan que adaptarse a cambios que no siempre son previsibles. El caso de la azúcar no es aislado, sino parte de una cadena más amplia de vulnerabilidad alimentaria que requiere políticas de estabilidad y mayor diversificación en la cadena de suministro.
